Aniversario

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli A.
jraffalli@rdhoo.com

Con la gente en la calle, será el almanaque quien dirá cuánto dura una revolución sin líder

Hace un año se fue Hugo Chávez. A no dudarlo el Presidente más joven y votado; el político electo que más tiempo ha gobernado; el mandatario que ha manejado más ingresos petroleros; el Presidente que más poder ha concentrado en las últimas cinco décadas al poner a sus pies todas las instituciones del país, incluyendo la Fuerza Armada, el Árbitro Electoral, la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo, todas ramas del poder de cuya autonomía depende una democracia legítima. Pero a un año de su partida lo que observamos como saldo de su gesta, ciertamente inolvidable, es un país dividido y con una conflictividad impensable; un país económicamente sumergido en una crisis terrible generadora de pobreza, escasez e inflación; un país sin reservas operativas y sin parque industrial; un país de gente aterrorizada por el hampa; un país de emigrantes y de jóvenes que protestan por no tener futuro; un país de medios autocensurados; y además, un país con una institucionalidad sumisa.

ProtestaComo buen discípulo Maduro se ha ocupado de guiar al país por el mismo derrotero ideológico fracasado e inviable. Es verdad, Chávez fue uno de los Presidentes que más dio visibilidad a muchos venezolanos excluidos y marginados. Usó Pdvsa para comprar alianzas en el vecindario y financiar un enorme gasto social directo, de allí su popularidad. Pero el costo ya es impagable y esa política comienza a develar tiempos peores. Las arcas están casi vacías, el Estado importador, rey del subsidio, expropiante y agresor de empresarios, claramente se ve en serios aprietos pero sin propósito de enmienda. Ya se ve que son los mismos excluidos y con menos recursos quienes están padeciendo cada días más los rigores de esos subsidios imposibles, anaqueles vacíos, inflación galopante e inseguridad desbordada. El camino era otro, la productividad, un sector privado fuerte generador de empleos y progreso, y un país con instituciones sólidas e independientes. Pero Chávez tuvo la virtud de saber incluso cuándo despedirse, lo hizo justo antes del colapso. Ahora, con la gente en la calle, será el almanaque quien dirá cuánto dura una revolución sin líder, sin leche y sin papel higiénico. Sólo nos queda hacer votos por la paz y la cordura. El tiempo de Dios es perfecto, la frase hoy tiene más vigencia que nunca.

 

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