QUE LA CALLE NO SE CALLE

Thays Peñalver

Thays Peñalver

Thays Peñalver 
tpenalver@me.com
@thayspenalver

 

“Malandros, forajidos, el lumpen, actuando” gritaba un iracundo Hugo Chávez cuando un día como hoy, el 27 de febrero de 2004 miles de estudiantes colmaran las calles enfrentándose con la fuerza de sus convicciones a los grupos armados del gobierno. 35 días de disturbios luego de que el CNE eliminara las 148 mil planillas que respaldaban la petición de referendo revocatorio. La ira aumentó cuando un manifestante fue perseguido por “3 motorizados y cuando trató de entrar a su casa lo asesinaron de dos disparos por la espalda”, aquel día caería otro y al día siguiente dos más, incendiando a Venezuela de punta a punta. 

Se había dado la orden de implementar un plan llamando a “la Quinta Fuerza” con un “teatro de conflicto” integrado por la “Guardia Nacional, la Disip, policías municipales, así como civiles armados bajo el comando de chavistas, cubanos y círculos”. La Disip comenzó a “trabajar con 274 hombres en las detenciones” mientras a los médicos cubanos los trajeron “a la capital a defender al gobierno de Hugo Chávez”. A partir de allí comenzaron las detenciones masivas y en las calles eran 7 los asesinados con ráfagas de ametralladora mientras se contabilizaban 26 heridos de bala en los hospitales que habían sido declarados en emergencia por los 1.200 heridos por contusión y asfixia. 

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Ese mismo día escribí motivada por un estupendo articulo de Eleonora Bruzual que rezaba: “Lloran madres, hijos, hermanos, esposas. Llora un pueblo bueno más muertos que un vándalo asesino vuelve a cobrarse” refiriéndose a la saña y violencia de los “tontons macoutes” venezolanos que actuaban como los sanguinarios paramilitares del dictador haitiano Duvalier, que disparaban sobre las asambleas de ciudadanos en medio de una “intifada criolla”. 

Por eso las victimas número 11 y 12 cayeron tras una barricada sorprendidos por “escuadrones ambulantes” que los ajusticiaron de rodillas con un disparo en la cabeza. Y los números 13 al 15 fueron por francotiradores, mientras al asesinado 16  lo torturaron con tal saña que lo reventaron por dentro cuando las guarimbas se apostaban ya como forma de autodefensa en cada urbanización, y a las cárceles llegaba el detenido numero 417. Para este momento eran decenas de presidentes y personalidades los que abogaron por el cese de la represión sangrienta, incluidos los premios Nobel, Oscar Arias y Mijaíl Gorbachov.

Habrían de transcurrir apenas 3 años cuando las calles volverían a encenderse, esta vez cuando el 10 de mayo a las FFAA se les obligó a decir la consigna cubana de “Patria, socialismo o muerte”, aquello era el colmo del desprecio a Bolívar cuando desde el general hasta el cabo se debía poner firme y gritar la consigna inventada por Fidel Castro, (tomada a su vez de la de Stalin) días antes  del cierre de RCTV. Lo que comenzó con cadenas humanas pronto se convirtió en fuego en las calles y el Ejército filtró documentos sobre un posible golpe de Estado justo el día antes en el que se escuchó el silencio de RCTV. A partir de allí sobrevino el caos de heridos y de represión activándose nuevamente el “teatro de conflicto” cuando toda Venezuela ardió por los cuatro costados. En 5 días habían sido pasados a tribunales más de 100 manifestantes y heridos de bala otros 30. Los desgarradores testimonios durante 30 días de violencia enardecían aún más las protestas, cuando en el piso e indefensos, eran cosidos a disparos.

Hoy al ver la sangre derramada nuevamente por aquellos que han dado sus vidas para que nosotros podamos ser libres, solo puedo decir que estoy harta de los fanáticos enardecidos que piensan que todo está perdido en Venezuela. De los que gritan que si la protesta disminuye estaremos más perdidos y más aún estoy harta de los que gritan el “ahora o nunca” y de los que  mañana se dedicarán a repartir las culpas. Harta de los que dicen que este país es una colonia del “Clan Securezza” de Cuba y que nos tienen de rodillas, porque no se han dado cuenta que la calle, nunca se ha callado, que los venezolanos nunca nos hemos callado, ni arrodillado y que la verdad, es que hemos combatido 15 años y hemos regado con sangre cada calle y cada esquina para evitar entregar este país al despropósito.

Estoy harta de los derrotistas de siempre, de los obnubilados que no entienden que los débiles son ellos y nosotros, los que no hemos parado, los fuertes. Los que no han aprendido que la Independencia de Venezuela fue un proceso que comenzó en 1808 (Leander) hasta Carabobo, son los que no ven que somos un montón de hermanos de 7,5 millones de irreductibles que año tras año hemos colmado las calles y que ya se ve que en breve se unirán al grito los otros 7 millones para aislar a unos pocos cientos que solo pelearán por el botín (porque miles saltarán del barco como ratas).

¿Qué la calle no se calle? Desde 1999 nunca lo hemos hecho, nunca hemos callado, ni nunca nos hemos arrodillado, han caído muchos sí, pero otros se han levantado y ya falta poco para que esa calle termine por imponerse, muy a pesar de los derrotistas, odiadores e inculpadores de oficio.

 

 

 

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