LA GUARDIA NACIONAL

Armando Scannone

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Armando Scannone
ascannone@gmail.com

 

La Guarda Nacional, antes Fuerzas Armadas de Cooperación, fueron creadas durante el gobierno del Gral. Eleazar López Contreras, como cuerpo auxiliar de las Fuerzas Armadas, para combatir el contrabando, el abigeato o cuatrerismo, en las fronteras; y para contribuir a velar sobre el orden público en las áreas rurales. Posteriormente se le otorgó competencia fiscal. Debía actuar preferiblemente en las fronteras. Cambios, incluso en la Constitución, la hicieron el 4 Componente de las Fuerzas Armadas; y durante el gobierno de Chávez fue objeto de cambios estructurales, utilizándola la Presidencia como fuerza de represión de la ciudadanía, empleando armas y artefactos de guerra inaceptables en el control de manifestaciones callejeras de protesta, pacíficas y desarmadas, protestas desvirtuadas, además, por falsedades del Gobierno.

 

gnb 1Con anterioridad había sido creada la Escuela del Servicio de Seguridad Social; con objeto de formar el personal adecuado para su funcionamiento, con la asesoría de técnicos de la Guardia Civil española, modelo a seguir.

 

Era un trabajo muy duro y difícil el que debían cumplir oficiales y soldados asignados a puestos fronterizos, por el aislamiento, los pocos recursos de toda clase, la dificultad de recibir asistencia y, además, el estar expuestos a ataques solapados de diverso origen, como sucedió, cuando comenzó una ola de secuestros en estados fronterizos, las acciones de la guerrilla colombiana y finalmente el narcotráfico. La Guardia luchó eficazmente durante algún tiempo; pero, desgraciadamente, la corrupción irrumpió en ella y, de hecho, se hizo costumbre.

 

Por mucho tiempo la Guardia fue un cuerpo muy apreciado; y las Fuerzas Armadas en general eran de las Instituciones más estimadas, que gozaba de mayor respeto y simpatía y en la que mas confiaba la ciudadanía. Pero ya la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas, no gozan de igual prestigio, precisamente por la forma feroz, desconsiderada y en muchos casos, enconada al extremo la represión, cada día más brutal, practicada por la Guardia Nacional. El estudiante Maurizio Ottaviani lo describe certeramente en El Universal (10-03.20): “Los soldados actuaron como perros de cacería”. Parecería que antes de enviarlos a la faena, fueran preparados sicológicamente para torturar de palabra o de hecho, golpear, amenazar, abusar, casi como drogados, a indefensos estudiantes, que luchan por su futuro y por la soberanía plena de la República; debiendo agregarse al descrédito, la presencia activa de personal cubano en todos los componentes de la ahora Fuerza Armada; lo que constituye un grave irrespeto a la Soberanía Nacional; y más, ya tal represión no respeta la vida de las personas. Esa infiltración, y el ensañamiento en sus actuaciones, hacen pensar, también, que una fuerza extranjera, invasora, procura la destrucción de la República; movida esa fuerza por intereses no plenamente conocidos pero que apuntan hacia directrices de los Castro y del Foro de Sao Paulo, con la avenencia del Presidente y de todas las Instituciones del Estado.

 

0010786204Las violaciones de los Derechos Humanos registradas en las manifestaciones recientes, sólo son comparables con las que suelen cometer fuerzas invasoras y si fueran sometidas a juicio ante Tribunales de Derechos Humanos, en no pocos casos harían recordar los Juicios de Núremberg.

 

Es hora de que se discuta públicamente esta grave situación; y de considerar seriamente una modificación sustancial y estructural de nuestras Fuerzas Armadas, las que parecen haberse desviado del que constituyó el objeto de su formación; y olvidado su supremo papel: el de resguardar la Soberanía Nacional; lo que podría, fatalmente, causar daños irremediables a la República.

 

Los venezolanos queremos, y necesitamos, que las Fuerzas Armadas y, concretamente la Guardia Nacional, recuperen el altísimo lugar que ocuparon en nuestro aprecio y confianza, mediante la protección de nuestras fronteras y de los venezolanos todos, de nuestra Soberanía, de la Democracia y, por consiguiente, de la permanencia feliz de la República.

 

 

 

 
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