NI SABE NI PUEDE

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

I

El lenguaje comedido, plagado de esguinces de la diplomacia, puede ser inevitable, comprensible, digamos. Pero resulta más bien miserable cuando estalla en un país un drama social avasallado por la más grotesca violación de los DDHH. Ninguno o casi ninguno de los gobiernos del hemisferio se atrevería a atropellar, asesinar y escarnecer a sus propios pueblos en la forma como lo hace el señor Maduro. Difícilmente llegaría a las barbaridades cometidas por los colectivos fascistas y el puñado de militares sometidos al poder. Y no hablo de intenciones, no entro a juzgar eso. Hablo de conveniencia, de cálculo. Aunque alguno quisiera masacrar, sabe que podría perderlo todo en el intento.

Maduro ha sido arrastrado por una dialéctica interna cuyo ritmo se le escapa. Más que inepto es débil; más que victimario es víctima de los que luchan por desplazarlo.

nicolas-maduroCuando Santos (quien quizá resulte asombrosamente derrotado por eso en el balotaje) clama que jamás apoyará salidas violentas en Venezuela, lo dice con toda la ambigüedad posible. Como para que Maduro piense que Colombia lo endosa y la oposición suponga que alude a una violencia abstracta, inaplicable. Nada musitó de la carnicera violación oficialista de DDHH

Bachelet dice lo mismo y en el mismo sentido, mientras cubre el flanco olvidado por Santos, porque en un calculado “te- doy-te-quito” pide respeto a los derechos humanos. La oposición podría sentir aquello como una suave brisa de respaldo, y Maduro –pese a ser tan paranoico- lo aceptaría solo como principio general, o así se lo haría creer el principal de sus asesores. En total, nada. Pilatos, hombre. Pero dado lo que se da, podría esperarse que el bestiario venezolano se sintiera insatisfecho porque no obtuvo solidaridad inmediata ni expresa.

Al perseguido y torturado pueblo venezolano tampoco le bastará tan escasa muestra de compromiso humano. Deberían recordarlo los políticos chilenos -particularmente la presidente Bachelet- quienes recibieron nuestra más noble y decidida solidaridad durante la noche pinochetista, cuando la lucha contra las dictaduras era en Venezuela el evangelio más popular.

 

II

¿Paradoja cómica o trágica? Reconociendo que no es capaz de producir alimentos y justificando tal carencia con el pretexto de la guerra imperial, el señor Maduro se ha aferrado a la libreta de racionamiento que lleva 51 años en la Isla, aunque esté agonizando. Cuba y la tarjeta, quiero decir.

En Cuba nunca hablaron  de “racionamiento”, sino de “abastecimiento”, como si se tratara de un instrumento para aumentar el consumo y no para limitarlo. En Venezuela, que en todo imita a los cubanos, Maduro ha presentado la suya con ese nombre sí, pero como no es posible olvidar la exuberancia retórica del fallecido eterno, le añade el cognomento “del buen vivir”. Quiere que creamos que ese símbolo de pobreza y prueba de incapacidad es lo que nos faltaba para entrar en el fidelista Mar de la Felicidad. Anuncia con aire triunfal el desconcertado Maduro, el nacimiento de la Libreta de Abastecimiento y del Buen Vivir.

Aunque el gobierno cubano interviene en Venezuela, liderando especialmente tareas de inteligencia, represión y  de consejería ideológica, militar, educativa y política, a mí en lo personal no me parece que pueda estar sugiriendo un lastre tan pesado como el del racionamiento normado. No me parece porque en Cuba declararon su liquidación completa, formalizando semejante política en el VI Congreso del PCC de abril, 2011, en el marco de las reformas o “lineamientos de política económica y social” promovidas por Raúl Castro para reanimar sobre la base del mercado la destruida economía cubana.

–       Mucho hemos estudiado cómo eliminar la libreta pero es complicado quitarla de un golpe, dijo el ministro Murillo, zar de la economía de la isla

En Cuba han decidido gradualmente acabar con aquella frustrada medida “igualitaria” porque ya no pueden financiarla y porque no hay manera de elevar la producción en el corto plazo, ni con las medidas aperturistas que están tomando y van en dirección radicalmente contraria a las que aplicó Chávez y mantiene y empeora Maduro. Allá pues no la quieren y en ese mismo momento, aquí la adoptan. Por eso tal vez este paso lo da el zarandeado y minado gobierno de Maduro porque su improductivo modelo fracasó, es totalmente inviable. Se trata entonces de aceptar el ácido comentario de Churchill sobre el socialismo leninista: es la crónica distribución de la miseria.

Maduro va tentativamente a imponerla, cuando en Cuba van tentativamente a liquidarla.

Pero la comicidad de este gobierno no tiene límites. Le “vende” la tarjeta a los venezolanos como mecanismo de exclusión, chantaje y la adorna con premios de carros y viviendas, a los que podrían optar los que estuvieran inscritos en el funesto mecanismo.

Cuba importa ocho de cada diez alimentos. Venezuela, idem. Cuba destruyó su aparato productivo. Venezuela, idem. Pero Raúl quiere salir del hueco y por eso dejó de cavar, en tanto que Maduro se aquerenció con el hueco y por eso sigue cavando.

Fiel maniático del espionaje y el control ciudadano creará un censo de huellas dactilares en PDVAL, Mercal y los abastos bicentenario. Subsidiarias listas Tascón, por si acaso.

Queriendo pegar con plastilina sus minados programas sociales, la tarjeta servirá para participar en la endeble Misión Vivienda, gozar de carros que nadie produce hoy y de planes turísticos en los escombros de la demolida revolución.

¡Luminoso futuro!  Sin embargo podemos darlo por seguro si recordamos que a diferencia de Antonio Gramsci, para Maduro la mentira siempre es revolucionaria.

 

 

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