El imparable ascenso de Neuer

 manuel-neuer-bayer_39461918

 

Fernando Aramburu 

Corría el año 2006. Recuerdo un par de cantadas de Manuel Neuer por los días en que empezó a defender la portería del Schalke 04. Tenía él entonces veinte años. Una serie de imprevistos lo habían aupado del tercer puesto en el escalafón de porteros a la titularidad. Era un jugador de la casa, con una estatura y complexión como para consagrarse al baloncesto. Había pasado por todas las categorías inferiores del club. Nacido en Gelsenkirchen, cumplía al cien por ciento los requisitos para ser considerado un purasangre del Schalke. Más Schalke en las venas, imposible.

Aquellos fallos iniciales apenas tuvieron una repercusión anecdótica. Es posible que se debieran a la inseguridad propia del novato. Su entrenador de aquella época, Mirko Slomka, se abstuvo de retirarle la confianza. También continuó confiando en él la temporada siguiente, cuando el equipo contrató los servicios de un portero con experiencia. Neuer ha expresado en alguna ocasión, públicamente, su agradecimiento.

Según la Federación Internacional de Historia y Estadísticas, fue en 2013 el mejor portero del mundo. Le tomó así el relevo a Iker Casillas, ganador de las cinco ediciones anteriores. Expertos de setenta países concedieron dicho honor a Manuel Neuer con una más que holgada mayoría: 211 votos frente a los 78 del segundo, el italiano Buffon.

¿Cómo evaluar el rendimiento de un portero? En el Bayern, Neuer tiene a veces tan poco trabajo que se podría ahorrar el lavado de la indumentaria al final del partido. Que es muy bueno, al respecto caben pocas dudas; de otro modo no jugaría en el Bayern. Es asimismo el número 1 indiscutible de la selección nacional de su país.

Su paso por el Schalke 04 coincidió con la última etapa más o menos brillante de este equipo. Con Neuer en la portería, los azules protagonizaron dos participaciones meritorias en la Liga de Campeones. La primera de ellas, en 2008, permitió al portero lucirse en la tanda de penaltis contra el Oporto, facilitando con sus paradas el acceso del equipo a los cuartos de final. Tres años más tarde, el Schalke alcanzó, con él de nuevo en la portería (y Raúl de delantero), la semifinal. Todo ello coronado con dos segundos puestos en la Bundesliga y una Copa alemana.

Y llegó junio de 2011 y se confirmaron los rumores que corrían desde hacía varios meses: que Neuer se iba al Bayern. Traidor acaso fuera el apelativo más suave que le dedicaron los hinchas del Schalke. Por el mismo trance han pasado y pasarán muchos otros. Pero en el caso de Neuer hubo una complicación.

Parte de la afición bávara se opuso al fichaje, mostrando su disconformidad en las gradas por medio de carteles confeccionados al efecto. Y es que Neuer era una figura emblemática del Schalke, además de capitán, portavoz de la plantilla y el que, al final de los encuentros, subía a la curva de los ultras a dirigir los cánticos colectivos con ayuda de un megáfono. Alguna vez se había despachado a gusto contra el Bayern, equipo en el que, según llegó a afirmar, jamás jugaría.

Tipo tranquilo, aguantó con aplomo el chaparrón de injurias. En Múnich se reunió con la peña ultra que cuestionaba su fichaje, y sólo después de aceptar una serie de condiciones fue admitido en el seno de la familia bávaro-futbolera. Terminó de congraciarse con ella a fuerza de ganar títulos.

Entre las cualidades que hacen de él un portero de alto nivel destaca su poderosa presencia en el área. Su estatura, 1,93 m., le confiere indudable ventaja para los balones altos. Suele extender los brazos en los penaltis, como los porteros de balonmano, para dar la impresión de que ocupa mucho espacio en la portería. Tiene un saque potentísimo, aunque no siempre preciso. Puede enviar con facilidad el balón de una portería a otra.

Desde que está en el Bayern, ha mejorado mucho en el control del balón con los pies. Le da a veces por regatear dentro del área, con lo que pone a sus seguidores al borde del infarto. No es hombre de paradas espectaculares. Prefiere evitar las dificultades y desviar los balones más que retenerlos. En el uno contra uno emplea su enorme envergadura para tapar espacios y obligar al rival que llega corriendo a dar un amplio rodeo. Se cree que aún no ha exprimido al máximo su talento. Tiene una gran oportunidad para hacerlo este año a las órdenes de Guardiola y el próximo verano, en Brasil, con su selección.

Tomado de El País

 
Etiquetas

Artículos relacionados

Top