Gracias a la OEA

Alfredo Yánez Mondragón

Alfredo Yánez Mondragón

Alfredo Yánez M. 
@incisos 

 

Algunos países verán que sus decisiones implican pan para hoy y hambre para mañana

 

La OEA hizo su trabajo a la perfección. Contribuyó de la mejor manera posible al desmontaje de la atrocidad que algunos se empeñan en llamar vía democrática.

Cada participación, desde la solicitud nicaragüense, pasando por las argumentaciones de Argentina, El Salvador y Brasil; más la votación de los veintidós países para que la sesión del Consejo Permanente fuera privada, significaron la abierta postura interesada, que se torna fiel a la migaja; sin entender que este pan de hoy, inexorablemente será su hambre de mañana.

La grosera intervención final del embajador de Brasil, al hablar de circo, no hizo sino magnificar la complejidad de la crisis; así que no queda más remedio que entender que en su patética intervención no hizo más que poner en evidencia los tentáculos de los negociados que antes proyectaron como buenos los postulados de Lula y que ahora barnizan las pésimas decisiones de la señora Rousseff; quien deshonra sus luchas de edades mozas, con estas espaldas a la democracia en su supuesta madurez.

Pero como ocurre con el ensordecedor silencio; el mundo de verdad, el de carne y hueso, ha visto en esta etapa oscura y a puerta cerrada, la realidad de una mafia que opera sin testigos, que esconde sus posturas, que valida la cobardía detrás de las puertas de los salones de sesiones, pero no que es capaz de responder a los cuestionamientos que surgen desde lo simple; desde la definición sencilla entre democracia y lo que no lo es.

Gracias, señores de la OEA; gracias, club de amigotes y borracheras, porque ustedes ayudaron a desnudar, ahora desde el foro político de los mediocres, las formas obsoletas como los compinches se cuidan los puestos; en contraparte a sus pueblos.

 

 
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