La paz y las paces

Juan M. Raffali

Juan M. Raffalli

Juan M. Raffalli A. 
jmrhab@yahoo.com

 

Urge un cambio de actitud en el liderazgo que inspire cambios en las masas 

En tiempos en que estamos todos contra todos, como dice Fito, el término paz campea pero más como estrategia que por convicción. El fin es apropiarse de esa bandera para ganar la guerra. Ese es un silogismo estúpido de lenguas largas y patas cortas. Entonces ¿de cuál paz hablamos y cuál pretendemos en medio de este conflicto social?

Paz-para-VenezuelaPareciera que hay una paz real; una paz impuesta; y una paz formal. Para mí tengo que lo que signa este tiempo de nefasta violencia, no es la paz real, no es la paz que nos viene de adentro; no es un estado de ánimo. La paz real que podemos también calificar de legítima y natural, deviene de la normalidad, incluso se nutre de las diferencias acaloradamente defendidas pero con respeto.

Esa paz normal es la que impera en la tribuna de un estadio pleno de fraternas rivalidades o en discusiones políticas dentro de los límites de la razón. No es la paz de Heidi y su abuelo, esa es ficción. La base de todo me luce bien plasmada en lo que creo, es el mejor texto normativo que edifica la paz formal, la “Declaración de una Cultura de Paz” emitida por la ONU en octubre del ’99. Allí se apuntan los elementos medulares de una paz real, exaltándose el respeto mutuo; el entendimiento; el pluralismo; la promoción de la democracia y sus instituciones; la justicia; la igualdad; el desarrollo económico y el más importante, el respeto a los derechos humanos.

Nadie objetivamente puede pensar que estos elementos esenciales de la paz se fomentan hoy en Venezuela. La visión miope de quien más responsabilidad tiene en el logro de la paz nacional, es exactamente la contraria. Su objetivo no es la paz natural sino la impuesta. Es la paz aparente basada en acciones marciales, judiciales, represivas y hasta delincuenciales, para que la ciudadana esté quieta y no tranquila. Esa paz a juro y obligada y porque sí, no es legítima, muta en lo que llaman “calma chicha”, y ese ambiente siempre deviene en males peores.

Es imperioso cambiar de actitud desde arriba hacia abajo y eso pasa por mezclarnos e igualarnos de verdad, tal y como lo dictaminaron las urnas electorales. Es ceder y reconocernos sin discriminación ni opresión. Urge un cambio de actitud en el liderazgo que inspire cambios en las masas. Si es así, cuenten conmigo, comulgo con hacer la paz y no las paces.

 

 
Etiquetas

Artículos relacionados

Top