La protesta por comida

 

Pedro E. Piñate B.
ppinate@gmail.com

 

Debe concertarse un plan de contingencia con el sector agroalimentario

Como necesidad existencial del ser humano, los alimentos de la dieta diaria no deben faltar. Para ello la producción nacional y las importaciones complementarias del déficit deben procurarse suficientes y disponibles al consumo, mediante políticas acertadas. Por el contrario en Venezuela, en los últimos 15 años de “revolución bonita”, las políticas afectaron la producción y favorecieron las importaciones subsidiadas, comprometiendo el abastecimiento normal de alimentos hasta el nivel de escasez severa que por culpa exclusiva del gobierno, sufrimos hoy todos los venezolanos.

De la escasez como resultado seguro del terror agrario, los controles y el estatismo comunista, el país y el gobierno fueron suficientemente advertidos. Tanto por el sector productor como por todos los demás integrantes de la cadena agroalimentaria. Sin embargo el gobierno hizo oídos sordos a todas las advertencias e insistió en sus políticas de hambre, llevando al país al estado de protesta en que nos encontramos.

Del por qué viéndose venir la crisis de escasez que pudo ser prevenida no lo fue, las razones incluyen desde los intereses de la dominación Castro-comunista hasta la gigantesca corrupción que esquilma la vaca petrolera. Así, mientras la población padece enormes vicisitudes por la severa escasez de alimentos, pero también de gas, de luz, de agua, de aseo urbano, y hasta de papel tualé; y la inflación evapora el dinero disponible para sus compras, el gobierno tozudo se mantiene como si aquí no faltara nada.

Por todo esto, la protesta por comida es una legítima que debe ser atendida y resuelta eliminando las causas de la escasez, concertando un plan de contingencia con el sector agroalimentario e impulsando nuestra agricultura en forma sustentable. Hasta entonces seguirá la protesta por comida y miren que falta hasta la perrarina.

 

 

 

 

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