¿DIALOGO?

editorial360

 

GERARDO SEMPRÚN – 

¡Ah si la dirección de la oposición supiera elaborar con la frialdad necesaria sus grandes decisiones! Profundidad en el análisis, oportunidad en la presentación de salidas y mucha serenidad para no dejarse avasallar por la pasión, los celos o la irreflexión.

Sé que es mucho pedir, dada la naturaleza plural, diversa, de esta suma de tornillos, piedra, mecates y agua que se ha conformado en el país para enfrentar la autocracia que pretende establecerse en Venezuela. No lo digo con ánimo burlesco, por favor. Este editorialista tiene la convicción de que la pluralidad opositora es inevitable y conveniente. Si se quiere representar al país contra un gobierno monocorde, de pensamiento único, propenso a la represión y entregado al recuerdo de una deidad fallecida, debe reconocerse que ese país es diverso, es plural, contiene todas las corrientes del pensamiento. Por eso la unidad posible y necesaria no pasa por un proceso de reducción de cabezas para que todas entren en el molde, sino por la admisión de que es un asunto de coincidencias fundamentales. Peor que un movimiento de tornillos, piedra, mecates y agua es otro de tornillos, tornillos y siempre tornillos.

Esa es la fuerza de fondo de la unidad democrática. Son factores diferentes que coinciden en un gran objetivo, en este caso el establecimiento de una democracia de veras, con alternabilidad, partidos distintos y competencias que no destruyan el propósito común. La pretensión de que todos sean como uno solo es el fracaso de la unidad y la creación de un chavismo al revés.

El secretario general de AD, Henry Ramos Allup ha proclamado la división de la MUD porque ésta no quiere –si fuera el caso- dialogar sin condiciones previas.  Su propuesta no es compartida por los demás. ¿Significa eso que se ha dividido la oposición? En mi humilde opinión no se puede dividir lo que no es una sola cosa. Lo que conocemos por unidad es la confluencia de lo diverso para un objetivo común, que no borra las diferencias. Que no haya acuerdo con la propuesta de Ramos Allup es un desacuerdo, no una inexistente ruptura.

Pero en fin, sutilezas aparte, el punto es si el diálogo postulado por el gobierno es eficaz o quedará en pura diversión. Si es serio o juego de sombras. Un buen demócrata podría hablar hasta con el diablo, pero siempre que se tratara de un diablo serio.

Y hasta donde se me alcanza, el que se propone en medio de la jauría suelta, con cárceles llenas de presos, colectivos fascistas actuando por la libre y sin la presencia de un facilitador que garantice el resultado, no parece que llene de regocijo a nadie.

El diálogo que propone Maduro no es hasta ahora como para arrojar el sombrero al aire. El mágico esfuerzo de estudiantes, vecinos y trabajadores no merece tan mezquina forma de conversar.

 

 
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