La comida y la protesta

 

Carlos Machado Allison

Carlos Machado Allison

Carlos Machado Allison
carlosmach2013@gmail.com

Ni con represión y muerte, ni con más burocracia, se resolverá la crisis alimentaria

¿Cuál es el estado de la producción agrícola y de alimentos en Venezuela? No hay una respuesta única, los rubros, así como los actores económicos, son muchos y distintos. Ahora, si usted pregunta: ¿Cuál es la situación del consumidor? La respuesta es fácil: sufre inflación y escasez.

Un buen indicador para medir el desempeño agroalimentario son importaciones y exportaciones. Las segundas prácticamente inexistentes, salvo aquellas que cruzan la frontera con Colombia, pero que no forman parte de una política de exportación, sino del control de precios. Como el Gobierno subsidia algunos productos, ocurre lo mismo que con la gasolina: buen negocio comprar en Venezuela y vender en Colombia. Pero no convence que portadores a pie, burro o buseta, pueden sacar de Venezuela tanta comida para generar escasez. Para ello, miles de camiones deberían cruzar la frontera. ¿Será que eso ocurre y las autoridades no hacen nada para impedirlo?

no hay harinaHace una década, Venezuela importaba entre 1.500 y 1.800 millones de dólares en alimentos o materias primas para elaborarlos. En el año 2013, el país gastó 9.756 millones de US$, con la peor balanza comercial agrícola del continente. A pesar de ese gasto en divisas, la escasez alcanzó su máximo (BCV y consultoras). ¿Por qué, cuando en el resto de América Latina ocurre lo contrario y muchos países se han convertido en grandes exportadores? La explicación es simple: invasiones, expropiaciones y rescates afectaron la producción y hay que gastar alrededor de 2 mil millones de US$ para importar ganado en pie o carne. Por falta de semilla, insumos o maquinaria, también debemos importar más cereales, entre ellos arroz, cuya producción nacional era suficiente. Con el café, lo mismo, entre regulación de precios y políticas erradas, como la nacionalización de las procesadoras, ahora dependemos de Nicaragua y Brasil. Las mismas políticas causaron abatimiento de la producción de caña de azúcar, 3 millones de toneladas menos y no se puede aumentar porque los centrales azucareros en manos del Gobierno no funcionan bien. Con la leche, otro tanto, como no crece el rebaño bovino y no se paga la leche a un precio adecuado, pues será necesario importar más.

Un punto a favor del Gobierno, la capacidad de compra de alimentos aumentó, pero sin estimular la producción, ahora la demanda es mayor que la oferta: inflación y escasez el resultado. Frutas, vegetales, huevos y cerdos, no faltan. Pero los precios no han escapado a la inflación. Tomates a 58, papas a 90, frutas entre 30 y 40, aguacates a más de 150, café a 200, colas para harina de maíz, aceite, leche en polvo y azúcar, desgarran presupuestos y generan protestas. Respuesta: más leyes y amenazas, transferir culpas al sector privado en lugar de revisar políticas y engavetar aquellas que no dan resultado. Un ministro con diálogo algo ha logrado, pero no escapa al desastroso panorama económico que engloba al país. Ni con represión y muerte, ni con más burocracia, se resolverá la crisis alimentaria.

 

 

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