Los indiferentes

Peter Albers

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@peterkalbers

“Si quieres un país diferente, debes dejar de ser indiferente”. Así reza un cartelito que cuelga del cuello de una joven universitaria. Lo lleva con naturalidad, como cualquiera señorita sifrina de los años sesenta llevaba un collar de marca, con un mensaje implícito: “Mi papi me llevó para Orlando y allá me lo compró en el Sawgrass”. Así dicho, con total naturalidad, como que el Sawgrass quedara ahí mismito, por los lados del Mercado Periférico (“¡Ay, no, qué hoorroooorrr!”, hubiera exclamado nada más oír nombrar un lugar “taaaan ordinaaario”).

Y comparando a la joven universitaria de hoy y su cartelito con la señorita sifrina de ayer con su collar (hoy será abuela, supongo) se da uno cuenta de cómo ha madurado la juventud venezolana, que lucha por el mejor futuro que no le ofrece este corrupto e incapaz régimen. Refutará el lector lo escrito hasta aquí, con el argumento, verdadero por cierto, según el cual en los sesenta también había esa casta de jóvenes aguerridos y contestatarios, enemigos a priori de todo lo que oliera a gobierno. Pero aquellos eran militantes de partidos que luchaban por unos ideales inculcados por doctrinas partidistas, que de todas maneras tenían razonablemente asegurado su futuro como ciudadanos útiles al país. De hecho, hoy son médicos, abogados, técnicos, empresarios o comerciantes más o menos exitosos según su capacidad y su preparación.

Los jóvenes de hoy, esos que luchan por una Venezuela mejor, protestan porque están seguros de que, de no cambiar de un gobierno cubanizado e imbuido de ideas “comunitarias” que solo han logrado la quiebra del sistema económico, con la consecuente escasez que cada día se agrava, al llegar a la edad productiva no tendrán dónde ganarse el sustento diario, mucho menos establecerse en un hogar y procrear hijos, ante un futuro incierto que ni siquiera les da esperanzas de llegar a disfrutar de una vivienda digna, vista la parálisis de la construcción y el poco avance de los planes de vivienda del gobierno. Y peor es lo que temen para la educación de esos hijos que tal vez nacerán, en un país ideologizado por políticas que pretenden destruir nuestros valores y deformar nuestra historia, llegando hasta a negar el sacrificio de nuestros libertadores y enlodando su nombre al atribuirles supuestos intereses mezquinos en su heroica lucha.

Los que no participan y apoyan a estos jóvenes, por indiferencia o comodidad, pagarán tarde o temprano su apatía. Ven sin inmutarse, como si fuera con otros, las constantes violaciones de los derechos consagrados en la Constitución. Aceptan por igual violaciones a la propiedad privada, abusos contra la libertad individual, brutales agresiones contra gente desvalida, secuestros de líderes de oposición, valiéndose de argucias legales embarrando la jurisprudencia y el sistema judicial, son mudos ante el despojo de la inmunidad parlamentaria de María Corina Machado.

Llegará el momento de rendir cuentas. Primero irán los más conspicuos culpables de la ruina del país, del robo de dineros destinados al bienestar de los venezolanos y no a sus cuentas a nombre de terceros. Luego irán los ejecutores de las órdenes dictatoriales del ilegítimo gobernante. Más atrás irán los que, fingiendo lealtad al déspota, obtienen valiosos contratos que nunca se cumplen.

De últimos irán los indiferentes.

 

 

 

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