El gran cambio

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

 

Axel Capriles M.
@axelcapriles

 

Nos toca canjear la provisionalidad y la inmediatez por el largo plazo

 

Escondida entre las máscaras antigás o los pañuelos y camisas humedecidos en vinagre, ese joven que protesta en las urbanizaciones de clase media lleva inscrita, justo en la mirada, la explicación de lo que sucede en Venezuela. Es la lucha de los modernos. Como el título de la novela de Antonio Arráiz sobre los sucesos estudiantiles del año 1928, Todos iban desorientados, el movimiento estudiantil produce perplejidad porque es una modernidad lejana, ajena a la mentalidad de la mayoría de los políticos, empresarios y casi el 80% de la población, esa que llaman pueblo y que el liderazgo nacional solo quiere seducir y conquistar en lugar de transformar. Así como los jóvenes que se alzaron para tomar por asalto el Cuartel San Carlos marcaron la entrada de Venezuela en el siglo XX, los jóvenes de hoy, también detenidos o torturados, signan la entrada en el siglo XXI. Porque debajo de la turbulencia social y política de los últimos años, más allá de los dimes y diretes de la política cotidiana, de los nombres y eventos que captan nuestra atención, lo que ocurre es una gran transformación, la pugna de fuerzas en la redefinición de las relaciones entre la sociedad y el Estado.

En un mundo con nuevas formas de producción de petróleo de aguas profundas, arenas bituminosas y esquisto, en el que por primera vez el motor de combustión puede funcionar eficientemente con combustibles alternativos y donde EEUU se convertirá en exportador neto de petróleo, Venezuela tendrá que aprender a ser un país productivo, a superar su psicología rentista. El camino no es fácil para una colectividad acostumbrada a vivir del Estado, ahora obligada a convertirse en equipo de individuos autónomos con actitudes modernas.

Los jóvenes representan el tránsito de una estructura de valores particularista a una universalista, de la adscripción al desempeño, de un locus de atribución externo a un modo capaz de asumir la responsabilidad del propio destino. Nos toca canjear la provisionalidad y la inmediatez por el largo plazo.

 

 

 

 

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