EL OTRO PAÍS

Milebis Acevedo Donis

Milebis Acevedo Donis

Mibelis Acevedo Donís
@mibelis

 

“La única verdad es la realidad”.
Aristóteles

 

El reciente debate entre el gobierno y la oposición ha inaugurado un nuevo, particular tiempo de expectativas. El país asistió expectante a un evento con precedentes confusos (ya con Chávez, tras los sucesos de 2002, se vivió la frustración de un encuentro que jamás cuajó en resultados concretos, y que por el contrario, luego fue ahogado en un cuadro de mayor radicalización por parte del régimen). Así que aunque la mayoría de la población -casi el 68%- admite que preferiría la negociación a la ruptura (así lo revela Luis Vicente León, director de Datanálisis) es razonable que no todos apuesten ciegamente a la promesa de que un diálogo mute en logros concretos a favor de la atención de los reclamos que inspiran la protesta.

 

Amén del innegable saldo positivo –el mayor, desde mi punto de vista, la oportunidad de que todo el país pudiera exponerse a un discurso distinto (en forma y contenido) al que durante 15 años han exhibido las cadenas presidenciales y los medios del Estado- si algo evidenció este debate (que no dialogo), es la terca y pública negación (¿estrategia?) del oficialismo a la hora de reconocer la crisis. La exposición del ministro Rafael Ramírez (en obvia colisión con cifras oficiales presentadas por el diputado Omar Barboza) abunda en lisonjas a favor de un modelo económico “profundamente exitoso”, que, según señala, logró “distribuir la renta petrolera entre los más pobres”, con reconocimiento de la FAO y otros organismos internacionales. Y sentencia, conmovido, después de escuchar los alegatos de la oposición: “Parece que estamos hablando de dos países”. En eso, sin duda, todos estamos de acuerdo.

 

05 Venezuela mitad Basta atender no sólo a lo que gritan las cifras (esas mismas que ha provisto el BCV) sino a lo que sugieren las encuestas respecto a la percepción social de la crisis. Según el IVAD (encuestadora acreditada y consultada tanto por la oposición como por el gobierno) al comparar la situación económica de hace un año con la actual, por ejemplo, el 80,4% afirmó que estamos peor. El 75% considera negativa la situación del país y 63% culpa al gobierno por la escasez. Según la encuestadora Datos,  91% de la población se ve afectada por desabastecimiento. Ante la frase “Cada día que pasa me convenzo más de que el gobierno no está llevando al país por buen camino”, 58,9% manifestó estar de acuerdo.  Sobre los principales problemas que aquejan al país, los encuestados destacan la inseguridad (75%) el alto costo de la vida (35,7%) y el desabastecimiento (76,8%). Datos recoge una información crucial respecto al clima país, cuando ante la pregunta: “Según su opinión, ¿cómo van las cosas en general en el país hoy en día?”, indica que el 72% tiene una opinión negativa; es decir, dos tercios de los encuestados cree que el país no va bien.

 

Así, pues, por más que se quiera negar, todo señala que la realidad impone duras pruebas a la fe: sobre el tema de “la confianza en que el presidente Maduro y su gobierno puedan resolver los problemas económicos del país”, 65,5% respondió no tener confianza. Lo cual, conecta con que indica el IVAD: 55% de los venezolanos considera que el gobierno de Nicolás Maduro se está convirtiendo en una dictadura, y 53,5 por ciento está a favor de pedir su renuncia y convocar a elecciones presidenciales.

 

Hay otro país, sin duda, otra Venezuela incómoda que parece no figurar en los visores del gobierno. Y aunque electoralmente los dos “toletes” no exhiben aún brechas tan marcadas –cosa que no deja de sorprender, dadas las elocuentes cifras de insatisfacción y desconfianza- la famosa “mayoría” del gobierno parece haber matizado su eje de simpatías: ante la pregunta de: “Si hoy se celebraran comicios, ¿por quién votaría?”, 52,1% de los entrevistados dijo que votaría contra el chavismo, mientras 33,4%  indicó que lo apoyaría, según IVAD. Números que, por cierto, no contrarían los que periódicamente prepara el régimen para medir la situación anímica en el país y reorientar sus campañas mediáticas. Según nota de “El Nuevo Herald”, una encuesta interna del gobierno (realizada  entre el 12 de febrero y el 18 de marzo) delata “la acelerada pérdida de capital político por el que atraviesa el régimen de Maduro, con la incapacidad del gobernante emergiendo como el principal responsable de la crisis económica y la mayoría de los venezolanos admitiendo que no sienten confianza en que pueda resolverla.”

 

¿Será posible que el Ministro Ramírez no tenga acceso a tales datos? Jamás: la negación más bien parecería atender a una simple estrategia comunicacional, que, hasta ahora, les ha sido muy rentable: si algo no se menciona, no existe. Y tal vez eso tenga sentido en el marco de la relativa invisibilización que garantiza la hegemonía mediática: pero en la medida en que un diálogo televisado incorpore públicamente esa otra realidad, será imposible seguir tapando soles de dimensiones tan impúdicas.

 

Y el “otro” país seguirá desnudándose: pieza a pieza, sin recato, sin pausa… ¿sin remedio?

 

 

 

 
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