La Torre Eiffel: secretos de una ‘Dama’

Tour_Eiffel_3c02660Hayda Ramos

 

Lleva 125 años siendo noticia. O alguno más. Pero más allá de su incontestable fama, sigue sorprendiendo.

 

De “monstruo” y “vergüenza” a Dama de Hierro, cuesta imaginarse París sin la Torre Eiffel. Entre otras cosas porque el monumento de pago más visitado en el mundo nos hace sentir tan minúsculos a sus pies… como grandes cuando subimos a su cima.

Incapaz de dejar indiferente a nadie, su silueta dibujando París es una de las grandes postales del mundo. Más allá de su incontestable fama, 125 años después de su inauguración sigue guardando algún secreto.

Abierta todos los días, año tras año se supera en número de visitantes. Incluso un nada desdeñable 37% repite y desde 1998 recibe más de seis millones de personas anualmente… y subiendo.

Números para un hito de la ingeniería

Con sus 18.038 piezas metálicas –ensambladas con dos millones y medio de tornillos– alcanza los 324 metros de altura y supera las 10.000 toneladas de peso. Con estos números no es de extrañar que cada siete años sean necesarias 60 toneladas de pintura para cuidar su aspecto.

 

Más allá de su aparente robustez, la historia de la Torre Eiffel no siempre ha sido tranquila, aunque en sus 125 años de historia las amenazas han ido cambiando: un rayo en 1902, un incendio en 1956 o la supuesta orden de demolición por parte de Hitler… sin olvidar que, debido a la gran controversia que rodeó su nacimiento, se acordó que desaparecería en 1900.

En los últimos años, avisos de bombas e intentos de suicidios interrumpen de vez en cuando las visitas… a pesar de las importantes medidas de seguridad, entre las que se cuentan más de cien cámaras que vigilan las 24 horas, de las que algo más de un tercio son infrarrojas. Por cierto, un reciente estudio apuntaba que cada intento de suicidio supone para la Torre un coste aproximado de 50.000 euros.

Se ‘viste’ de luces

Como símbolo de París, la Torre Eiffel está presente en multitud de conmemoraciones, tanto nacionales como internacionales. Para ello, es frecuente que juegue, literalmente, con una de sus mejores bazas: la de la iluminación.

Así, la Dama de Hierro se ha vestido de azul con motivo de la Presidencia gala de la UE, de rojo para celebrar el Año Nuevo Chino, con los colores de la bandera sudafricana por el fallecimiento de Nelson Mandela… Pero a veces también se apaga: por ejemplo, para encender la Tierra por la Hora del Planeta.

Funciona como una ciudad

Con los números que la avalan, y muchos más que nos pasan inadvertidos cuando hacemos turismo, no es de extrañar que, si nos paramos a pensar, reparemos en que la Torre Eiffel funciona como una ciudad.

 

construcciónPor ejemplo, se calcula que cada año consume unos 60.000 m3 de agua potable y la energía equivalente a un pueblo de unos cien hogares.

Una ciudad en la que trabajan más de 600 personas, entre dependientes, fontaneros,  informáticos, electricistas, agentes de seguridad… sin olvidar los restaurantes y cafeterías –con sus camareros, cocineros…– o el personal de mantenimiento y limpieza, que se calcula que usa unas 25.000 bolsas de basura o unos 400 litros de productos de limpieza al año.

Todo para que la Dama de Hierro luzca siempre perfecta ante unos visitantes cuyas entradas en taquilla necesitan, en ese espacio de tiempo, más de dos toneladas de papel.

Cuando el viento hace bailar a la ‘Dama’… que crece en verano

Con sol, con niebla, con nieve… A veces diferente, pero siempre especial. E inconfundible. En días de mucho calor la Torre se crece y gana unos 18 centímetros por la dilatación de los materiales. Y ante la fuerza del viento, cede y se inclina…

Sirvan estos datos para celebrar el 125 aniversario de su inauguración, que tuvo lugar a las 13:30 del 31 de marzo de 1889, cuando Gustavo Eiffel ascendió hasta el tercer piso y enarboló la bandera francesa. Ni en sus mejores sueños pudo imaginar el lugar que ocuparía en la historia.

Tomado de La Gaceta España

 

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