Política y antipolítica

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HENRIQUE SALAS-RÖMER –

 

 “La Política es una rama de la moral que se ocupa de la actividad en virtud de la cual, una sociedad libre compuesta por hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva.” La frase la extraigo de Wikipedia.

La Antipolítica vendría a ser entonces, per contra, todo aquello que en una sociedad libre, conspire contra los fines de la Política, vale decir, en contra del logro de la convivencia colectiva… y el Bien Común.

Sin embargo, el término suele ser usado erróneamente, aplicándolo no a los fines que persigue la Política, sino a sus instrumentos, concretamente, a los partidos, bien para describir corrientes contestatarias que desconocen su utilidad o aquellas proclives a descalificar la conducción de las organizaciones existentes.

Negar la importancia de los partidos en una sociedad libre es absurdo. Si los hombres (entiéndase hombres y mujeres) han de resolver los problemas que plantea su convivencia, es preciso que comiencen por agruparse en “tribus”, conforme a sus afectos y a sus ideas e intereses. Serían éstas “tribus”, más propiamente, los partidos, instrumentos valiosos para construir consensos que conduzcan al Bien Común.  Pero cuidado con los excesos. Los partidos no constituyen un fin en sí.

Cuando como ocurre hoy y ocurrió doscientos años antes con el estallido de la Revolución Industrial, los avances tecnológicos son de tal magnitud que alteran totalmente las relaciones entre “los hombres”, y entre éstos y la producción, privilegiar la supervivencia de la culturas partidistas de antaño, puede conspirar, como ha ocurrido en Venezuela, en contra de la Política en sí.

Para comprender por contraste lo que venimos afirmando, los invito a pasearnos por dos formas recientes y exitosas de transición democrática, una, anglosajona, la otra, muy vecina.

El surgimiento del primer presidente de EEUU impulsado por las redes sociales, y por complemento, también el primero de raza negra, irrumpiendo de paso en contra de los liderazgos establecidos, y alterando los anclajes socio-económicos del partido Demócrata, pudo haber culminado en una ruptura institucional y hasta en una tragedia.  ¿Cuántos no pensaron que de ganar, Obama sería asesinado? Sin embargo, la maleabilidad del sistema político permitió que los obstáculos se salvaran y el fin último de la Política, la sana convivencia, terminó por imperar.

En Colombia un resultado similar se produjo. Uribe, separándose del partido Liberal, y Santos, hoy su sucesor, se apoyaron en partidos de nuevo cuño. En el proceso, los partidos históricos quedaron disminuidos, pero el fin último de la Política, la convivencia colectiva, se salvó.

Nosotros no tuvimos la misma suerte.

Quizás desconocimos el efecto social de los cambios que mundialmente se vienen operando, nos encerramos en un aberrante debate contra la antipolítica… perdimos el norte… y para hacer Política, flexibilidad nos faltó.

 

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2 Comentarios

  1. Ricardo E. Römer G. said:

    Yo diria lo mismo salvo que por otras razones. El petróleo que apuntaló el utilitarismo venezolano, acabó con cualquier vestigio de ideología que pudiesen haber practicado tanto AD como COPEI. La política por más buena que sea desune a la gente. La ideología es el pegamento social. Cuando ambos elementos están fuertemente representados en el quehacer de las organizaciones sociales, entonce se ganan adeptos. Si es con fines de obtener la preferencias de un electorado, entonces se tiene un partido.
    En la práctica en este país no ha habido un solo partido de derecha que haya gobernado jamás. ¿Por que?
    La aversión social contra los actores y partidos políticos proviene precisamente de la carencia total y palpable de alguna ideología. El asunto es personal y no sistémico e ideológico. Prueba de ello es lo que logró hacer un Teniente Coronel con la mente del pueblo venezolano. 80% votó por él y hoy millones siguen con la mente perforada, incapaces de entender de que o cuales factores dependen el desarrollo social, económico y con ello el político. Prueba de ello es que a falta de mejores Ideas Rectoras, el petróleo se convirtió desde un principio el factor supresor del desarrollo de los venezolanos. ¿Quienes tienen la responsabilidad de esto? No hablo de culpa porque al final y desde la perspectiva sistémica “no hay culpables” pero yo creo que sí responsables. Responsables son aquellos que diseñaron las estructuras. Estas son las que soslayadamente, e invisiblemente para casi todos, impulsan la conducta del venezolano. Los partidos ciertamente indispensables para organizar la sociedad civil, se han cavado su propio hueco. Ahí son lapidados por nuestra propia ignorancia.

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