No hay causa perdida

Rafael Díaz Casanova
rafael862@yahoo.com
@rafael862

 

 

Una vez más, y no será la última, titulamos nuestro trabajo con el nombre de un libro.

     

En esta ocasión se trata del amplio trabajo que realizó el presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez quien asesorado por Iván Duque Márquez y auxiliado por un profesional del periodismo llamado Brian Winter y por un conjunto de entrevistas y libros escritos por distintos actores de la reciente historia de Colombia, narra en primera persona su singular experiencia que transcurrió entre el último año del siglo XX y los ocho primeros del XXI.

No vacilamos en adelantar el juicio primero que nos produjo la lectura de la versión digital del amplio reportaje que presenta el Presidente.

Álvaro Uribe Vélez es la mejor demostración de que en la política caben y son bienvenidos y apreciados aquellos actores que son honestos, trabajadores y con convicciones fuertes y bien dirigidas.

Pero volvamos al libro. El presidente Uribe, después de una muy buena actuación política regional que tuvo un primer hito en su desempeño como Gobernador de Medellín, partió a Estados Unidos de Norteamérica para dedicar unos dos años al estudio y la reflexión en una universidad de primera categoría. Allí se concentra en estudiar y planificar las mejores vías para sacar a Colombia de esa pesadilla larguísima que fue el reinado de las fuerzas irregulares financiadas por el narcotráfico y la corrupción, que, según muchos historiadores, tuvo sus orígenes en la barbarie cometida el 9 de abril de 1948 cuando la izquierda colombiana asesinó al candidato presidencial de entonces, Jorge Eliécer Gaitán.

La narración de Uribe es precisa, abundante en los datos y detalles y sobre todo, tan severo con los actores de fechorías, como generoso para con sus colaboradores, ministros, militares y policías que tuvieron importantes funciones y responsabilidades en la obtención de logros y es notable como se atribuye las responsabilidades fundamentales de cada uno de los pocos fracasos. Hay especial rigurosidad histórica en el tema álgido de los secuestros.

Colombia tiene que darle gracias a Dios y al empeño de Uribe para cambiar el rumbo de una nación que estaba inmersa en una pesadilla real, caracterizada por la terrible unión del asesinato, el secuestro y la droga, aliñados por el miedo y la corrupción.

No sería justo que quisiéramos informar sobre los pormenores de un denso libro. Solo queremos catalizar a quienes tienen interés en conocer la experiencia de un testigo y actor de primera línea y de un comportamiento que solo tuvo un norte: Resolver el problema fundamental de la sociedad colombiana.

     

Ocho años de presidencia no son suficientes para estabilizar el proceso de adecentamiento de la sociedad. Mucho menos para acallar y derrotar las acciones de los delincuentes.

Como contrapartida, tanto las instituciones colombianas como la mente del Presidente, concluyeron que extender por un tercer período el mandato tan exitoso, atentaba contra las bases de la democracia que en el vecino país cuenta con fundamentos muy sólidos.  

Invitamos a nuestros lectores a disfrutar (o sufrir) los terribles y documentados relatos del presidente Uribe para entender que “No hay causa perdida” si las acciones de quienes influyen en ella son honestas y con dedicatoria absoluta y extendida.

Sin que se pueda identificar como un objetivo fundamental, en los relatos de la relación que tuvo en varias ocasiones el presidente Uribe con nuestro presidente Chávez, pudimos entender que en Venezuela son las fuerzas de los guerrilleros, de la droga y del crimen quienes tienen la mayor influencia en los actos del régimen.

 

 

 

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