A idea vieja, baño nuevo

Jorge Sayegh
jorgesayegh@gmail.com

 

Para ellos la retórica izquierdosa representa el pasado y la autoridad formal… cosa de viejos

 

Vivo cerca del campamento de los jóvenes frente a la ONU y esa teoría de los 6 grados de separación parece ser muy cierta, porque hace unas semanas me llamó una amiga para contarme que un amigo tenía al hijo de una amiga andina en el camping urbano y me pidió el favor de que el gochito se bañara en mi casa, porque el pobre llevaba tantos días sin asearse que sus compañeritos pensaban usarlo como arma química cuando arremetiera la Guardia.

Desde entonces mi casa es, día por medio, balneario de cronopios juveniles. Porque el gochito no vino solo y yo caí en la autotrampa al preguntar ¿y cómo hacen los demás para bañarse? Han pasado por aquí de todas las procedencias, sexos, credos y colores. Lo único que les exigí es que tuvieran más de 17 años, pero luego me di cuenta de mi ingenuidad, porque tampoco es que me voy a poner a pedirles la cédula para constatar que la pechugoncita esa no es menor de edad y para que después Rodríguez Torres no me vaya a acusar de abuso de menores en cadena nacional con mi fotico tamaño carnet PTJ, encabezando una pirámide de pedofilia junto a Victoria Lanz o Jaime Bayly.

Los chamos que me han tocado son “asifrinos”, de clases medias empobrecidas o de extracción humilde, ese eufemismo para no decir pobre. Creen en lo que hacen (aunque no saben muy bien qué es) y que lo hacen por el bien del país. Carecen de aquella formación intelectual marxistoide con la que los jóvenes de ayer argumentábamos en nuestras discusiones trasnochadas. No detienen su motor de la historia en plusvalías. Tienen cosas inmediatas que hacer, temores que vencer, muchos sueños rotos, muchas más esperanzas y muchas menos famas. Para ellos la retórica izquierdosa representa el pasado y la autoridad formal… ¡cosa de viejos!

 

 

 

 

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