GABO Y FIDEL CONSERVADORES

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

 

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

 

La autora nos brinda una visión nunca antes proyectada de la profunda y sincera amistad que unió Gabriel García Márquez a Fidel Castro. La explicación sorprende y… convence.

 

No hubo lugar en el mundo letrado en el que el fallecimiento de Gabriel García Márquez no haya suscitado reacciones expresando los sentimientos de afecto y de admiración por el escritor colombiano, hasta catalogarlo como el mejor escritor del siglo XX, lo que significa relegar a Proust, a Kafka, a Robert Musil, James Joyce, a Clarice Linspector, a Albert Camus, a Marguerite Yourcenar, a George Orwell, a William Faulkner, Virginia Woolf, a Julio Cortázar, a Jorge Luís Borges, Alejo Carpentier, nombres que cito por ser los primeros nombres que me vienen a la memoria. Otros, los menos, se atrevieron a emitir críticas relativas a la indefectible amistad que le profesó el escritor colombiano al dictador cubano Fidel Castro.

 

Gabriel Garcia-Márquez - Fidel Castro

Gabriel Garcia-Márquez – Fidel Castro

Entre esas dos posturas muy pocos han reflexionado acerca del encanto que suscita la literatura de Gabriel García Márquez y sus posturas políticas. En cuanto al carácter propiamente dicho de su literatura, me viene a la memoria las reticencias del escritor español Antonio Muñoz Molina, quien, reconociéndole todas las cualidades de las que se hacen ecos los admiradores del colombiano, confiesa que es una literatura que, si bien admiró en una época, ha dejado de interesarle como tal.

 

La fascinación que ejerce Gabriel García Márquez entre todas las categorías sociales es lo que hace de él un personaje que la gente, no sólo admire, sino que le despierte afecto. La descripción de sus personajes, de los ambientes de suspenso, de la atmósfera de espera interminable de algo desconocido, de eso que llamo Freud, “Der Unheimliche”, palabra sin equivalente en español que podría traducirse por algo familiar y desconocido a la vez, por lo tanto inquietante. Sus fases y descripciones tienen el tono de la narración privada, dirigida a una sola persona; de allí la atmósfera de intimidad que crea la lectura de sus obras. Frases que se convierten para el elector en percepciones íntimas,  como un secreto que le guarda el lector al escritor que sólo a ellos pertenece. Esa percepción es la que hace que muchos, la mayoría de quienes han opinado sobre el escritor fallecido, hayan hecho de la experiencia de la primera lectura de Cien años de soledad, un capítulo de su propia autografía. La mayoría ha narrado en qué momento, en qué circunstancias, qué sentimientos, le deparó su lectura.

Para los lectores que no pertenecen al mundo hispano, su literatura personifica a toda la América Latina; a la percepción que se tiene de un continente que ha nutrido el imaginario, en particular el europeo, de visiones fantásticas, y es allí en donde radica la habilidad del genio de Gabriel García Márquez. Su imaginario poblado de figuras y de ambientes que tocan lo “real maravilloso”, es una adaptación de esa visión fantástica que se tiene del continente, pero que al mismo tiempo, cual efecto boomerang, los latinoamericanos también adoptaron.

 

La visión forjada por Gabriel García Márquez, es una visión rural, conservadora de un continente en constante movimiento, en el que la modernidad se vive de manera –como dijera Trotsky refiriéndose a México- desigual y combinada. Gabriel García Márquez prioriza la dimensión rural, la manera iletrada de explicar el mundo, los fenómenos físicos y hasta químicos, los fenómenos históricos. Esa imagen conservadora de América Latina, esa imagen, anti moderna, es la que fascina y procura al imaginario latinoamericano la tranquilidad que brinda la quietud de las generaciones que se suceden sin cambios, la negación del desplazamiento mental hacia los restos violentos que obligan los cambios de civilización. Es una literatura conservadora y que expresa el carácter conservador de la mentalidad latinoamericana. La tendencia al inmovilismo de las costumbres, de las relaciones sociales: que nada cambie y que todo siga igual.

 

Es precisamente el carácter conservador de esa visión del mundo lo que conduce a Gabriel García Márquez a su amistad con Fidel Castro y viceversa. Castro, en tanto que hombre de la ruralidad, es un conservador. En él confluye el patriarca rural, el monarca decimonónico, el caudillo telúrico. Fidel Castro debe haber significado para Gabriel García Márquez la realización del sueño del gran novelista que es: encontrar en su camino a un personaje salido de sus libros; un personaje cuya factura es una copia conforme a los que él creo antes de conocerlos.

 

En Gabriel García Márquez y Fidel Castro, confluye esa dimensión de lo rural, del ejercicio del poder eminentemente patriarcal de la explicación imaginaria de los fenómenos sociales. No existe la visión moderna del futuro. El futuro a la manera de castro consiste en el ejercicio del poder, en la salvaguarda de ese estatus de padre todopoderoso, que puede ser a veces humano, a veces cruel. Admirar a Fidel Castro significa aceptar las facetas de su personalidad, porque al no poseerla, ya no sería el mismo personaje, el que corresponde a los habitantes de Macondo.

 

No es casual que la casa que fuera el hogar de Miguel Otero Silva se llamara Macondo. Pese a que Miguel Otero Silva contribuyó enormemente a la modernización de Venezuela, seguramente algo de esa dimensión rural subyacía todavía en su ser íntimo.

 

La dimensión rural y conservadora de Fidel Castro alimentó la amistad entre dos grandes personajes de la historia latinoamericana que han contribuido a perfilar el forcejeo entre modernidad y antimodernidad en el que se debate, hoy más que nunca, el continente.

 

Hoy Gabriel García Márquez y Fidel Castro representan el movimiento conservador, los estudiantes venezolanos la modernidad.

 

A quienes fascina sin ningún sentido crítico la literatura de Gabriel García Márquez, a aquellos que permanecen detenidos en el placer que suscita ese mago de la lengua, cuando critican su amistad con Fidel Castro y su fidelidad al régimen cubano, no toman en cuenta que una actividad va con la otra. La admiración de Gabriel García Márquez por Fidel Castro y el régimen que forjó, son totalmente coherentes con el género literario que creó el escritor colombiano.

 

Personalmente, en términos literarios, considero que Julio Cortázar, José Lezama Lima y Severo Sarduy, representarían la gran modernidad de las letras hispanas: el primero le rindió pleitesía al régimen cubano; los dos últimos, cubanos, fueron víctimas de Castro.

 

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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Un Comentario;

  1. Jose nicolas aray said:

    Garcia Marquez sin lugar a dudas fue un gran escritor sin lugar a dudas. Pero en mi caso, su amistad con Fidel envilese su existencia. No se puede pasar por alto la destruccion de Cuba. Con la promesa de sacarlos de la pobreza, los secuestro, los fusilo hasta convertirlos en una verguenza mundial. Es igual que hubiese sido amigo de Pablo Escobar. Igualito. dime con quien andas y te dire quien eres.

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