LOS EXPEDIENTES SECRETOS

Álex Vásquez S.
alvasquez@el-nacional.com

 

Una muerte, una tortura, una agresión. Tres víctimas sin justicia. Una misma ciudad. Los expedientes de los casos de Rosa Orozco ­madre de Geraldine Moreno­, Juan Carrasco y Marvinia Jiménez fueron trasladados inexplicablemente de Valencia a Caracas, con lo cual se violaron sus derechos de tener acceso a esos documentos desde el comienzo del proceso, como garantizan la Constitución y el Código Orgánico Procesal Penal. En todos los casos están involucrados miembros de la Guardia Nacional Bolivariana. En primera persona, las víctimas aseguran que no se cansarán de pedir justicia Rosa Orozco, madre de Geraldine Moreno

 

“Por Geraldine no hay una persona detenida”

 

07 Caja Carpetas caja Top SecretEl expediente de Geraldine tiene ya dos meses sin que lo entreguen. Se introdujeron dos requerimientos en la fiscalía principal de Valencia, uno el 21 de marzo y el otro el 28 de marzo. Le exigimos a Nidia González, fiscal superior de Carabobo que lleva el caso, que los entregara y ella argumentó que estaban en la oficina de Derechos Fundamentales en Caracas y por eso no se podían entregar copias. Dijo que si ella pedía una el proceso se detenía. Le pregunte: ¿Hasta cuándo vamos a estar con esto? ¿Quién mandó eso a Caracas, si eso ocurrió en Carabobo?’. Y me respondió que fue la fiscal general, Luisa Ortega Díaz. Le dije entonces que se lo tendría que pedir a Luisa Ortega y ella dijo que no era necesario. Sigo insistiendo. En el gobierno creen que nosotros no hemos agarrado un libro en la vida.

 

Dicen que la mitad del expediente está en Carabobo y la otra en Caracas y eso es imposible; o te lo llevas o no te lo llevas. Por eso vine a Caracas a hablar con Alfredo Romero, director del Foro Penal Venezolano.

 

Le di un poder para que actúe en mi nombre porque no podemos seguir esperando.

 

Sabemos que es un guardia nacional quien mató a Geraldine. Era un pelotón de 10 motos. El que le dispara a Geraldine iba en la parte de atrás de una de las motos y le dijo al que iba adelante: “Dispárale, quémale la cara”. El guardia de adelante baja el fusil y no lo hace. Entonces el de atrás dice que él sí lo iba a hacer y le da dos impactos del fusil en la cara.

 

Han declarado como 15 o 16 testigos. Incluidos una señora y un reportero que vieron el pelotón. El reportero escucha cuando el guardia dice que va a disparar y se identifica y dice que es reportero. Hay una señora que le dice al que le dispara a Geraldine: “Deja a la niña, deja a la niña”. Y el guardia le responde: “Métase porque también le vuelo la cabeza”.

 

A Geraldine la recogimos nosotros, ella se quería parar de la camilla y nunca entendimos cómo hizo porque tenía 3% de la masa cerebral nada más.

 

No tenía nada en el cerebro ya. Ella pierde el ojo izquierdo y el ojo derecho también. Lo único que me dijo fue: “Mamá, me duele la garganta”, “Mamá, bendición”. Hasta ahí estuvo mi hija. Por Geraldine no hay todavía una persona detenida.

 

No sé de qué estamos hablando, de quiénes estamos hablando. Todavía sigo pensando cómo el general Antonio Benavides ha dicho que es imposible que un guardia nacional le dispare a un venezolano. Le digo que yo quisiera hablar con él y decírselo. ¿Quiénes eran los que cargaban los uniformes y el armamento de la GNB? Que me explique, porque entonces ni sabemos quiénes son los que nos están cuidando. Que explique qué hacían esas personas con ese armamento.

 

El que dio la orden fue el gobernador Francisco Ameliach, cuando mandó a dar el ataque fulminante. Eso no tenemos ni duda, él lo escribió en Twitter el 17 de febrero y el 18 cayó Génesis Carmona y el 19 Geraldine. Por eso yo lo llamo asesino.

 

Como el caso de Geraldine, está el de Marvinia Jiménez, en el que ya está determinado quién es la guardia nacional que la agredió y dónde está. Pasa lo mismo con Juan Carrasco, que asegura haber sido violado y en la fiscalía dijeron que eso era mentira, que había sucedido antes. Continúa la impunidad por parte del gobierno; yo no puedo seguir esperando que el régimen nos pretenda decir lo que es real y lo que no.

 

Le reclamé a la fiscal superior que un señor le da una bofetada a otro por grosero y le dan ocho años de cárcel; y estos, que son asesinatos, todavía estamos esperando. Le dije: “Dios quiera que a ti no te maten un hijo, porque no te quiero ver en el puesto en el que están todos los venezolanos a los que les ha pasado”. Se puso a llorar.

 

Aquí nadie tiene que salir a dialogar. A Nicolás Maduro hay que exigirle, no pedirle; debe sentarse con las madres, con los jóvenes, con la Iglesia, el Foro Penal, Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma, que son los únicos que han dado la cara en este asunto. Aquí no tiene que estar la MUD.

 

Saco mi fuerza de los mismos jóvenes. Si no estuvieran conmigo yo no estuviera aquí hablando. Les pido a todas las madres de Venezuela que estén con los muchachos, como yo estaba con la mía. Acompáñenlos, ayúdenlos. Si no quieren marchar, por lo menos sírvanles algo. Nadie me puede decir que no le puedo llevar comida a un muchacho. Si nos unimos todos, aquí no pasa nada. Si estamos dispersos, seguirá pasando algo. La riqueza de Venezuela son esos muchachos.

 

Yo estoy quedándome en un campamento cerca de mi casa, en el parque Geraldine Moreno. No tengo miedo. Me quitaron lo único por lo que podía tener miedo.

 

 

 

 

 
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