¿QUÉ SE OFRECE A CAMBIO?

Ofelia Avella

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Ofelia Avella
Ofeliavella@gmail.com
@Ofeliavella

 

Lo que más llamó mi atención de lo mucho que escuché en el interesante encuentro internacional organizado por Cedice, “América Latina: La libertad es el futuro”, fue lo relativo a la necesidad de ahondar en las propuestas, en los contenidos del discurso que hoy manejamos quienes creemos en la libertad. Este punto, realmente fundamental, se concreta en lo que Gerver Torres describió como “la narrativa”, “el sueño” que hay que procurar ofrecer a cambio de la utopía socialista. Expresado con una perspectiva más filosófica,  Axel Káiser, Director Ejecutivo de la Fundación para el Progreso (Chile), insistió en la urgencia de apelar a las expectativas más profundas de nuestra naturaleza humana, de modo que aquél que hubiese podido creer en la ilusión socialista, advirtiera que tal propuesta no podría satisfacerle plenamente.

 

Llamó mi atención que Gerver Torres refiriera que los promotores de la libertad de mercado han pecado quizás de pragmáticos, al no ofrecer –conjuntamente con el modelo de sistema- una “narrativa” que pudiese enriquecerlo y hacerlo, por lo tanto, creíble. Insistir, quizás, en los beneficios que podrían derivarse de un modelo económico abierto, ha dejado a un lado ese aspecto “humanitario” y “solidario” con el que tan fácilmente atrapa el socialismo, al poner de relieve –como lo prioritario- el interés por los problemas y necesidades del otro.

 

protesta libertadEl profesor Carlos Sabino, con una suavidad y sencillez conmovedoras, relató qué le hizo creer alguna vez en el socialismo, así como qué le convenció de lo contrario. El ideal de igualdad, de humanitarismo solidario, de justicia social, le pareció ser un día posible, alcanzable. Sin leer ni meditar particularmente mucho, confesó haberse dado cuenta del fracaso de aquel modelo haciendo “la cola para comprar pollo”. Su esposa acababa de dar a luz y fue él quien debió hacer una cola de horas para conseguirlo. Perder su tiempo en aquello le ayudó a captar que la ineficiencia del sistema, constatada en la inoperatividad de su día, de su vida, tanto como de la dinámica social, no parecía tener sentido por esa vía si aquello suponía no poder siquiera llegar al trabajo.

 

En su sencillez refirió que no tuvo que “leer” ni estudiar mucho para darse cuenta de aquello porque la realidad “estaba allí”. La ineficiencia era evidente y a él le bastó la experiencia del pollo para convencerse. De tal ineficiencia se convencieron también Plinio Apuleyo Mendoza y Mario Vargas Llosa, quienes como tantos otros creyeron en algún momento en la Revolución cubana, en Fidel, en ese ideal humanitario de igualdad y justicia para todos, el cual resultó muy pronto en lo contrario, como refirieron también. No fue sólo el modelo económico lo que abrió sus ojos; fueron los fusilamientos, los engaños, las traiciones y la instalación de una dictadura feroz lo que acabó convenciéndoles del fracaso de aquella utopía.

 

Así, pues, fue interesante constatar que quienes explicaron con mayor profundidad la falacia del socialismo fuesen, precisamente, quienes algún día creyeron en ella. Estos personajes describieron atinadamente la dinámica psicológica que subyace en la posibilidad de ser atraído por lo que hoy ven que es una utopía. Creyeron honestamente y por honestos, se retractaron. Aparte de lo señalado, aludieron a  la fundamental carencia de libertad que experimentaron, pues les resultó evidente que vivir bajo el régimen socialista implicaba someterse a la eterna dependencia de la voluntad del Estado (de Fidel). Plinio Apuleyo contó, de hecho, cómo no le dejaron renunciar cuando quiso hacerlo. Logró hacerlo porque no era cubano, pero al disidente nativo –señaló- le habría esperado la cárcel o la muerte.

 

cediceEse sueño, esa “narrativa”, como la describe Gerver Torres, hay que ponerla de relieve como aquello que un modelo abierto puede “ofrecer” a quienes creen en la utopía socialista. No se trata sólo de éxito económico; se trata de filosofía de vida, de perspectiva de futuro, de sueños posibles, de iniciativas personales factibles de realizarse, de experiencia de libertad de movimientos, de operatividad, de recursos para el desarrollo de los propios talentos e inquietudes. Se trata de provocar –en el otro- el deseo de responder a los desafíos que le plantea la vida, en condiciones de igualdad de oportunidades; unas oportunidades que le ofrecerían la posibilidad de no depender de otro ni  de entregar  su conciencia y su libertad de elegir.

 

Al discurso de quienes creemos en la libertad falta este poder tocar al otro en sus expectativas más íntimas, las cuales se orientan siempre por los caminos del desarrollo de su ser. Ese “sueño” socialista, utópico y fracasado, debe ser suplido por sueños creíbles, susceptibles de alcanzarse, sólo si se es libre y productivo. Este camino está siendo planteado con eficacia por los jóvenes, pues al apelar a la libertad y a un futuro abierto, a la real esperanza, remueven lo más íntimamente humano: he aquí la nueva narrativa.

 

 

 

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