“Tenemos el reto de dejar fuera las ideologías para dar paso a la cultura del trabajo”

“El vacío que sientes al no poder trabajar es tremendo, es existencial”.

“El vacío que sientes al no poder trabajar es tremendo, es existencial”.

La situación en oficios está desactualizada, tanto en iniciativas de Gobierno, como privadas, o de ONG. Estamos innovando para que los centros de capacitación se adapten a las exigencias del mercado. Cuando te implicas en proyectos sociales te brillan más los ojos que con un negocio millonario, opina el líder de la asociación civil.

 

Macky Arenas

 

Su currículum no tiene nada que ver con lo que en realidad hace. Se graduó de Ingeniero en Electrónica en la Universidad Simón Bolívar (1994). Siguió un master en sistemas de información, así que inició una carrera profesional en el área de telecomunicaciones, primero en Venezuela y en el 2000 se abrió a nivel latinoamericano, siempre trabajando con transnacionales, para proyectos complejos de  telecomunicaciones. Su último trabajo fue para una empresa del grupo Pirelli, como responsable comercial para América Latina de habla hispana. En el 2009, cambió todo eso, cara o cruz, por dedicarse a un proyecto social. La gente pensó que desvariaba. Cuenta la razón para los lectores de ABC de la Semana.

 

—  ¿Qué te hizo interrumpir esa trayectoria tan exitosa?

—  Un proyecto de emprendimiento social que se llama “Trabajo y Persona”. A finales del 2009 renuncié a mi empleo, bien remunerado en moneda dura, hablé con mi jefe en Milán, me despedí y comencé a tiempo completo a dedicarme a esta ONG.

 

—  ¿Qué pudo motivarte tanto para entregarte a una obra por la que, seguramente, nadie apostaría en ese momento?

—  Mira, yo no nací en Venezuela, me siento patriota más no nacionalista. Lo que me movió es la conciencia de que, si mi familia –yo incluido- llegamos de inmigrantes a este país, fue por alguna razón. Tenía que descubrir por qué estaba a aquí y cuál era mi misión.

 

—  ¿Dónde naciste?

—  En Uruguay y mi papá vino en el año 78. Yo tenía 6 años. A papá lo eligieron en la Junta Directica de la Central Latinoamericana de Trabajadores, lo cual era una experiencia difícil para él durante la  dictadura militar uruguaya. Yo nací en el año 1971 y en el 72 me metieron en la cárcel con mis padres.

 

—  ¿De apenas un añito de edad?

—  Era una técnica de amedrentamiento. Mi padre era sospechoso como dirigente sindical. Poseía información que al gobierno podía interesar. Organizaba encuentros que podían ser confundidos con la actividad de los tupamaros de la época, los que de manera violenta adversaban al régimen militar. Lo que hacían era llevarse a la persona –en este caso a mi papá- junto a su familia. Nos soltaban a las pocas horas y papá quedaba preso, pero le decían que seguíamos allí. Era tortura sicológica.

 

—  Y tuvieron que dejar el país…

—Toda la familia se vino a Venezuela, así que soy un inmigrante. Después de aquella experiencia dura, llegamos acá, sin ninguna familia pues éramos nosotros solos. Crecí aquí, este país me lo ha dado todo, mis estudios, mis amigos, mi esposa, mis 4 hijas. Me siento más venezolano que la arepa. Por eso te digo, no es un tema de “salvar al país” por el cual renuncié a una trayectoria profesional exitosa, envidia de mis compañeros de universidad. Por mis abuelos tengo mi pasaporte italiano, así que podía haberme ido en cualquier momento. Pero decidí estar aquí porque se que si Dios lo pone a uno en un sitio es por algo.

 

—  Ciertamente, detrás de tu decisión hay una cultura de trabajo…

—  Con las relaciones de papá, viví siempre abierto al mundo. De adolescente trabajé duro, construimos nuestra casa con las propias manos. Literalmente edificamos la estructura. Eso me ayudó a entender lo que es el trabajo manual. Aprendí con papá a frisar, a hacer instalaciones eléctricas, plomería, asfaltar techos, trabajar la madera. Eso marcó mi vida. Desde allí, siempre me involucré  en movimientos sociales, trabajando de manera voluntaria. Siempre con la mira en emprender, en comenzar algo.

 

El planteamiento del proyecto

 

—  ¿Por qué no empezaste con una empresa propia?

—  Podría haberlo hecho, una empresa comercial habría estado bien. Pero me pareció más pertinente, dada la situación del país, emprender en el área social. Quise comenzar una obra, como si fuera una empresa social, pero en realidad es una asociación civil sin fines de lucro. Algunos amigos me apoyaron pero el que se lanzó al agua fui yo. Ellos me acompañan en la Junta Directiva, más no están implicados en la operatividad.

 

—  ¿Cómo te planteaste eso?

—  Busqué afanosamente un proyecto que me permitiera mantenerme por un año, mientras pensaba en lo demás. Mi esposa me decía: “Cuando te implicas en proyectos sociales te brillan más los ojos que con un negocio de millones de dólares”.

 

— Es cuestión de vocación…

—  Así es. Yo soy además, en lo comercial, gerente de proyectos certificado en Alcatel. Gestioné durante un año, buscando, no sólo el sustento para mi familia, sino el desarrollo de la ONG para los años siguientes. Eso me tomó todo el 2010. Implementamos, buscamos recursos, contratamos gente, nos desarrollamos y aquí estamos.

 

—  ¿De qué se trata?

—  De formar emprendedores sociales.

 

—  ¿Qué es un emprendedor social?

—  Idéntico a un empresario, igual a los comerciales, sólo que el objetivo de una empresa social no es elaborar un producto o servicio para vender sino generar proyectos que permitan mejorar la calidad de vida del ser humano en distintos ámbitos. Nosotros trabajamos básicamente con jóvenes o mujeres, ayudándolos a que recuperen la dignidad en el trabajo, a que sean más personas. Por eso nos llamamos “Trabajo y Persona”, demostramos que a través del trabajo el ser humano se puede dignificar.

 

“Lo que genera la conciencia de lo que puede lograr a través del trabajo y esfuerzo vale más que cualquier idea, proyecto o pensamiento”.

“Lo que genera la conciencia de lo que puede lograr a través del trabajo y esfuerzo vale más que cualquier idea, proyecto o pensamiento”.

Cómo llevar una empresa

 

—  ¿Cómo hacen con sus utilidades a fin de año?

—  Todo se reinvierte en los mismos proyectos. Un empresario siempre tiene mayores aspiraciones en lo económico. Por mi parte, deseo vivir dignamente, pero que la obra crezca y también las personas que están conmigo para poder servir a la misión por la cual nació.

 

—  ¿Cuál es la respuesta que has encontrado en las empresas o instituciones a las que te has acercado solicitando respaldo?

—  Lo primero que he encontrado son personas. Todavía no conozco un RIF que me hable. No trato con personas jurídicas sino con seres humanos. Desde el principio, lo que más ha llamado la atención entre las personas con quienes nos hemos hecho amigos es mi propio testimonio. He encontrado en empresas privadas, en fundaciones de segundo piso, en entes multilaterales… simplemente personas. Con distintas creencias, con distintas experiencias individuales pero, cuando le cuentas lo que haces, se ponen a pensar. Imagínate, un tipo que no nació aquí, con pasaporte europeo,  ex ejecutivo de una transnacional, haciendo una obra social. Entienden lo que hacemos y nos dan una mano.

 

—  ¿Cuánto tiempo tienen trabajando?

—  Cuatro años. Ofrecemos resultados y puede observarse como nos ha cambiado la vida, no sólo a quienes apoyamos, sino a nosotros mismos. Somos los primeros que hemos sido cambiados.

 

—  ¿Cómo es el proceso?

—  Comenzamos con un proyecto con la Cámara de Comercio italiana. Le hicimos la propuesta de un proyecto social, beneficiando a jóvenes italianos en Venezuela. Allí hice de gerente de proyectos. Por mi trabajo había viajado mucho a Italia y conocido experiencias de trabajo social allá. Hacer que la gente tenga iniciativa, emprenda proyectos y aprenda a desarrollarse a través de ellos es la meta. En Venezuela, la situación en oficios está desactualizada, tanto en iniciativas del gobierno como privadas o de ONG. No responden a las realidades de la demanda, a lo que el mercado necesita. Se han quedado con currícula que muchas veces resultan obsoletos.

 

—  ¿Por ejemplo?

—  Los carpinteros, ebanistas. A mí me encanta un mueble bien hecho, a mano, elaborado… ¿pero quien te lo compra hoy en Venezuela? Un muchacho que durante un año aprende el oficio, ¿de qué le servirá? ¿Dónde conseguirá empleo? Lo que la gente necesita hoy no es un mueble Luis XIV sino un escritorio, un closet, una mesita para colocar el televisor, una despensa, una biblioteca. Esa es la realidad-país. A partir de ella detectamos los centros de capacitación que están enseñando los oficios, qué empresas producen la materia prima e intentamos articular para innovar en la formación para el trabajo en Venezuela.

 

—  ¿Cómo llevan eso a la práctica?

—  Hay muchos centros que forman muchachos con distintos objetivos y modelos de trabajo. Lo primero que hay que tener claro es qué es lo factible, cuál es la capacidad instalada a nivel de posibilidades de formación. Dónde están los centros, qué oficios tienen actualmente, qué es lo que hacen. Por otro lado las empresas, qué necesitan, qué tipo de personal calificado en qué; y finalmente, qué requiere el mercado, cuál es la demanda.

 

—  ¿Cómo empezaron?

Iniciamos la relación con una empresa que produce madera (Maciza), así como las láminas y comprimidos. A ellos les interesaba vender los muebles que producían por piezas que las mujeres armaban en sus casas con facilidad. Tienen una red donde venden la madera, la cortan, la perfeccionan con detallitos y venden los instrumentos accesorios. Pero los centros de formación estaban preparando muchachos para lijar la madera y fabricar los muebles tradicionales. No les enseñaban, por ejemplo, algo básico como el diseño. Junto a  mis hijas constatamos que es posible cumplir el proceso: diseñamos, fuimos a que nos cortaran la madera y armamos un escritorio. Luego me presenté a la empresa maderera y les mostré lo que necesitaban: jóvenes que sepan diseñar, exijan sus cortes de madera y luego ensamblen. Ponerlos en capacidad de comenzar una actividad por su cuenta. Muy poca gente emplea en este momento. Eso es emprendimiento, autoempleo.

 

—  Pero para ello requieren entrenamiento de cómo llevar una empresa…

—  Necesitan sacar cuentas, saber de costos, saber vender, poder atender al cliente, ofrecer modelos, colores, sugerir las mejores opciones. Por ello armamos un pensum, en este caso se llama “Emprendedores del Mueble”, los ofrecimos en algunos centros de capacitación para el trabajo y los están incorporando dentro del pensum de carpintería que ellos llevan.

 

— Lo cual debe permitir la interconexión entre las empresas y centros, mejorando el desempeño y los circuitos de cada uno de ellos…

—  ¡Claro! Es lo que se llama el modelo de negocios inclusivos. Formamos a carpinteros que van a comprar los productos a la empresa de madera, logramos que los centros tengan una oferta más atractiva para muchachos que no se van a calar lijar madera por un año para luego no conseguir trabajo. Un joven que se forme bien, que sepa armar closets, cocinas o escritorios, gana hoy más que un ingeniero recién graduado si lo hace bien. Y es un oficio muy digno.

 

—  ¿Con qué otros sectores han trabajado?

—  Con peluqueras que trabajan a domicilio. Se ha logrado que se conviertan en emprendedoras de la belleza certificadas por L´Oreal. El año pasado presentamos un proyecto a la Fundación L´Oreal de Paris y Venezuela fue el único, junto a Vietnam, que aprobaron para darle curso. Estamos innovando en las posibilidades de que los centros de capacitación se adapten a las exigencias del mercado, de la gente y de las empresas para hacer alianzas.

 

—  ¿Qué concepción del trabajo hay detrás de todo esto?

—  En Venezuela tenemos el gran reto de despolitizar y dejar fuera las ideologías ante conceptos que tienen tanto peso como el trabajo. Cuando te quedas sin trabajo nadie te puede venir con una receta o una teoría. El vacío que sientes al no poder trabajar es tremendo, es existencial. El trabajo es mucho más que un deber, que una contraprestación, ni, como dice el Negrito del Batey, tampoco es un castigo de Dios o un mal necesario. No se trata de luchar a ver quién tiene la razón sobre la plusvalía y todas esas discusiones.

 

—  Es lo que te rescata de la indefensión ante la vida, de sentir que no sirves o no vales…

—  El trabajo, al igual que la justicia, la felicidad, la belleza, es algo estructural-antropológico del ser humano, una necesidad. El trabajo se coloca a nivel de necesidad, no sólo para comer sino para poder realizarse en la vida un ser humano. Nos ha permitido el desarrollo de la civilización, nos hace socios de Dios en la Creación, pues El nos puso los medios pero hasta que el hombre no trabaja no se completa. ¿Qué haces con el árbol si no lo conviertes en un mueble que genere bienestar y provecho a los demás? Hay otro aspecto, más “blando” o subjetivo: en San Félix trabajamos con chamos que han sido delincuentes y te dicen: “Cuando yo fabrico un mueble comienzan a respetarme”. Así que hay un aspecto en el trabajo que pasa por lo tangible, pero otro que permite a la persona descubrir aspectos que sin ponerse a trabajar ni siquiera los habría sospechado.

 

—  Y descubrir habilidades…

—  También formamos chocolateras que al terminar se maravillan ante lo que llaman su propia “obra de arte”. De manera que lo que genera para el ser humano la conciencia de lo que puede lograr a través del trabajo y esfuerzo vale más que cualquier  idea, proyecto o pensamiento. No valen discursos ni liderazgos que desplieguen banderas, la única manera de tomar conciencia de esto es haciendo experiencia, que es lo que nosotros sostenemos, proponemos y desarrollamos.

 

 

Artículos relacionados

Un Comentario;

  1. Ricardo E. Römer G. said:

    Ideología política en el trabajo destruye. Ideología de la organización que produce productos y servicios es el pegamento social de las personas que participan. Ideología es la suma del propósito central + los valores medulares. La falta de ideología en las organizaciones empresariales conlleva a sus directivos a quedarse encadenados a un enfoque utilitario. Éste enfoque termina por destruir todo lo especial que el ser humano puede aportar para hacer la diferencia. Finalmente de tanto “buscar los reales” terminan cerrando o por quebrados o por desesperación frente a la falta de resultados adecuados. IDEOLOGÍA es lo que hace falta en los emprendedores más no del tipo politico. Ideología política es lo que hace falta en los partidos políticos. Es lo que les permite ganar adeptos y lo que entonces les permite llamarse partido.

Los Comentarios han sido cerrados.

Top