¡Se me sale del salón!

 

Jorge Sayegh
JorgeSayegh@gmail.com

 

Una ciudadanía que no aprendió a responder con la razón, sino por la fuerza

 

No escuchaba esa frase desde las lejanas épocas del colegio. Generalmente se le aplicaba a los más tremendos y desafiantes, aunque no era infrecuente el caso de la injusticia ridícula contra aquel que no era culpable de la falta (preferentemente cometida cuando el maestro volteaba al pizarrón) o contra quien el profesor simplemente “se la tenía agarrada”. Lo cierto es que ocurría cuando el profesor perdía los estribos, las riendas y la ruta. A veces luego de un hostigamiento sistemático del (los) alumno(s), a veces porque sencillamente era un tipo de carácter débil, que se quebraba cuando su autoridad se veía cuestionada o incluso burlada descaradamente.

 

Ser maestro no es nada fácil. Pero en Venezuela lo complicamos aún más al desnaturalizar la esencia de la autoridad en la educación. Todo nuestro sistema educativo tiende a cumplir con una educación meramente formal que se obsesiona con la repetición memorística de información. Olvida, en cambio, que el objetivo de la escuela es formar ciudadanos creativos, capaces de enfrentar los problemas cotidianos apelando a la razón, no a la fuerza. Nuestro sistema, lamentablemente, necesita encumbrar el valor de la autoridad para conservar esta educación repetidora y sumisa.

 

Lo que vimos el lunes pasado en una reunión de alcaldes y gobernadores con el Presidente es un reflejo de eso. Si bien es cierto que el tema de los presos políticos no estaba en agenda, tampoco es impertinente. Alegar que Smolansky se aprovecha de “una oportunidad que se le da” (como si una reunión de trabajo se tratara de una concesión graciosa) para luego exigirle “salga de esta reunión” con voz de profesor histérico, entre aplausos, es el resultado de una ciudadanía que no aprendió a responder con la razón, sino por la fuerza.

 

 

 

 
Top