LA FELICIDAD PERDIDA

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

Axel Capriles M.
acaprile@ucab.edu.ve
@axelcapriles 

 

 

El venezolano vuelve a ser Juan Bimba, el ser afiebrado y cansado que no gana una

 

Ahora se mide la felicidad como se mide la popularidad de un candidato. No solo existe la Encuesta de Bienestar Global de Gallup o el Índice del Planeta Feliz sino que pululan las empresas de mercadeo que calibran lo que a tantos filósofos les fue tan difícil definir. Hasta las Naciones Unidas emite su reporte anual sobre felicidad mundial. Y así como Venezuela es uno de los países del mundo con mayor porcentaje de personas orgullosas de su nacionalidad, también había sido, hasta hace poco, el país que, a pesar de todas sus miserias, se sentía o lucía ser más feliz. Aparentemente, el gobierno de Maduro nos echó a perder la fiesta.

 

Op Falsa Sonrisa FelicidadSi en el año 2008, Venezuela apareció en el libro de Récord Guiness como el país con los ciudadanos más felices, ya hemos perdido el protagonismo en sonrisas y alborozo. La condición emocional del venezolano actual es muy compleja. A pesar de que todavía nos definimos a nosotros mismos a partir de la gozadera y la alegría, cuando se indaga directamente en nuestras emociones mostramos muchísima desesperanza y pesimismo. Los sentimientos negativos se agudizan en las clases medias.

 

La apatía y la tristeza tal vez sean unas de las manifestaciones psicológicas características de los sistemas políticos autoritarios como el comunismo. De mis primeros viajes a los países tras la Cortina de Hierro recuerdo el impresionante cambio de tono afectivo apenas se traspasaba la frontera de Europa Occidental a Europa Oriental. Hoy, cuando sentimos el pálpito y la alegría de ciudades como Madrid o Roma, llenas de vida sus calles, se nos hace doloroso el contraste con lo que se ha vuelto la existencia en ciudades como Caracas o Valencia. La conversación criolla no versa más que sobre un solo tema: el descalabro del país y las vicisitudes de la supervivencia. El venezolano genérico ha dejado de ser aquel ser dicharachero, festivo y bromista para tornarse en una personalidad modal tensa, desesperanzada, cabizbaja. Vuelve a ser Juan Bimba, el ser afiebrado y cansado que no gana una.

 

 

 

 

 

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