Teatricidio

Miguel Sanmartín

Miguel Sanmartín

Miguel Sanmartín
msanmartin@eluniversal.com 

 

La fulana asonada en marcha pareciera un autogolpe al mejor estilo de dictaduras comunistas.

 

Es totalmente cierto, camarita. Tan verídico como que la evidencia del “delito” desvelado se obtuvo mediante otro delito: la violación de la intimidad de personas, derecho congregado en una Constitución que el régimen exhibe pero no acata. Destacar que el delito implícito, admitido por la fiscal general, es la única verdad en todo este burdo y perverso montaje, confirma la naturaleza totalitaria del régimen.

 

En efecto, alguien conspira y puso en marcha un golpe de Estado. Pero no de los tradicionales. Este no lo perpetran adversarios al régimen ni apunta -como lo “denunció” ese pelotón de fusilamiento moral que se autodefine como alto mando político de la revolución- a la cabeza del Gobierno.

 

Dicho sea de paso, en la sedición y el golpismo se forjaron políticamente quienes actualmente mantienen secuestradas las instituciones del Estado. Con esas armas pretendieron usurpar el poder en 1992. Dos veces y en ambas fracasaron dejando una estela de destrucción y muerte. El gobierno de la época sobreseyó a aquellos sublevados que son los mismos que hoy actúan como difamadores y verdugos de estudiantes y dirigentes opositores. La magnanimidad con la que fueron tratados no es la misma que dispensan a quienes ellos mantienen injustamente encarcelados.

 

La fulana asonada en curso pareciera un autogolpe al estilo comunista (destruir-aplastar para dominar). Tiene como blanco al país, sus instituciones, sus pilares económicos, sus entes sociales, la democracia, las libertades y los derechos ciudadanos. La conspiración golpista así ejecutada (desde el poder, con el barniz de legalidad que pueda rociarle la Fiscalía y el TSJ) es contra la población que hoy no cuenta con las condiciones, ni los bienes ni los servicios indispensables para una vida digna.

 

Contra Venezuela viene conspirando, arremetiendo, destruyendo y disociando este “alto mando” (de baja estofa) en conchupancia con los vividores hermanos Raúl y Fidel Castro, quienes, a través de los más de 40 mil agentes -cooperantes denominan a los que laboran con ONGs y contratistas a los que prestan servicio al ejército de EEUU- deterioraron las condiciones de vida de los venezolanos hasta crear el caos que provocó las recientes protestas ciudadanas.

 

El teatricidio montado por el alto mando político de la revolución, el ensañamiento con Simonovis y el aumento de la represión contra los estudiantes busca cancelar el diálogo, disminuir el impacto de eventuales sanciones de EEUU contra miembros del régimen y distraer la atención sobre la escasez, inflación, inseguridad, apagones, racionamiento de agua y aumento de la pobreza. ¡La torpeza es el gran enemigo del régimen!

 

 

 

 

 

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