EL CASTIGO DE LA CIUDAD

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

Axel Capriles M.
acaprile@ucab.edu.ve
@axelcapriles 

 

 

El escenario urbano es un territorio afectivo, el envoltorio de nuestras relaciones sociales

 

Nadie sale ileso de Caracas. La otrora “sucursal del cielo” produce pesadillas en lugar de sueños. Y el efecto de la ciudad sobre la gente no debe ser subestimado. El urbanismo, la localidad, el espacio, no son escenarios materiales inertes sino marcas subjetivas, signos emocionales, símbolos penetrantes que anclan nuestras vivencias y definen nuestra existencia. El escenario urbano es un territorio afectivo, el envoltorio de nuestras relaciones sociales, un determinante de nuestros pensamientos, nuestros afectos y comportamientos. Y si hay espacios que seducen y provocan, hay otros que limitan y ahuyentan. La ciudad expresa nuestra manera de ver el mundo, nuestra estética y sensibilidad, es un signo de identidad. Pero el alma que se refleja en el espacio de Caracas es un alma castigada. Como señala Henri Lefebvre, la ciudad es siempre una expresión de la realidad social, un producto político que resulta de la imposición de determinadas relaciones de poder.

 

La capital de la República muestra todos los signos del declive urbano: problemas de inseguridad y criminalidad, insuficiencia crónica de medios de transporte, excesiva densificación de zonas, congestión, envejecimiento y deterioro de los edificios, decaimiento de la calidad ambiental, escasez de espacios de esparcimiento y reunión, abandono de los espacios públicos, deficiencias de servicios, anarquía, crecimiento de áreas marginales. Son más de treinta años de una geografía sometida a un acelerado crecimiento demográfico sin mejoras mínimas en infraestructura. Pero, adicionalmente, la revolución bolivariana se ha engullido la trama social y ha convertido a Caracas en un espacio anónimo, en un lugar de tránsito en vez de un lugar de encuentro.

 

Poblada por habitantes asustados, encrespados, temerosos los unos de los otros, Caracas ha dejado de ser la ciudad acogedora que desataba ilusiones. El malestar de las personas hace la ciudad inhóspita, pero luego la ciudad moldea el comportamiento de la gente.

 

 

 

 

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