LAS REINAS DE BELLEZA

Jorge Sayegh
JorgeSayegh@gmail.com

 

Los reyes de hoy prefieren las frescas cenicientas modernas

 

Contrario a lo que uno supondría, los hechos demuestran que las monarquías actuales no son ni tan malas. A excepción de Tailandia (que está viviendo un golpe de Estado) y Siria; los 44 países del mundo cuyo jefe de Estado es un monarca poseen gobiernos estables y funcionales. Incluso Bélgica vivió recientemente algo aún más inimaginablemente estable: la ausencia de gobierno durante 541 días. Sería bueno entender que los príncipes de hoy no son aquellos déspotas que perfilaba Maquiavelo, sino una especie de asesores de gobierno vitalicios que la tradición histórica puso ahí. Claro, hay diferencias, los árabes tienden a ser más absolutistas y los europeos son, sin duda, símbolos costosísimos para su quehacer democrático.

 

Rania de Jordania

Rania de Jordania

Lo cierto es que los reyes de hoy prefieren las frescas cenicientas modernas a las princesas feas de rancio abolengo. Desde que Raniero de Mónaco se levantó a Grace Kelly, que de noble sólo tenía su talento artístico, ya no es indispensable tener sangre azul para ser de alcurnia. Ayuda mucho más ser bonita y tener un título… universitario. Letizia, la más inminente reina moderna, no sólo es plebeya de pura cepa, sino que además es divorciada. En 1936 el rey Eduardo VIII de Inglaterra abdicó por amor a una divorciada, porque entonces aquella condición era inaceptable para una reina. Hoy, en cambio, es casi un motivo de orgullo para cualquier mujer. No así para un hombre, pues representa un sinónimo de fracasado.

 

Sin embargo el “plus-ultra” de las reinas bellas modernas lo representa Rania, cuyas cirugías milimétricas han transformado su perfil palestino en el ensueño Disney de Jordania.

 

Hay muchas mujeres bellas con influencia monárquica. Sólo esperemos que este nuevo siglo nos colme de indulgentes Blancanieves y no de frívolas maléficas.

 

 

 

 
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