LOS TENTÁCULOS DEL ¨BACHAQUEO¨

 

Silvia Parra

Silvia Parra

 

 

Este es el único oficio que da de comer a cientos de familias olvidadas en la frontera colombo-venezolana.

 

A la falta de empleo en el Norte de Santander y en La Guajira, la crisis económica en Venezuela, y la poca atención de las autoridades en ambos países, el “bachaqueo” es el único oficio que da de comer a cientos de familias olvidadas en la frontera colombo-venezolana.

 

simonesbachaquiaosDesde un tiempo atrás, profesionales, empresarios, estudiantes y miles de jóvenes venezolanos y colombianos han dejado atrás sus actividades académicas y su trabajo formal para dedicarse, de tiempo completo, a una modalidad de microcontrabando conocida como “bachaqueo”, que les está dejando entre tres y cuatro salarios mínimos por día a tachirenses y zulianos, y que beneficia el bolsillo colombiano tras el desangre de los productos subsidiados de la dieta de los venezolanos.

 

Se trata de sobrevivir en medio de una crisis que se agudiza y que poco promete mejorar. Por eso hoy, es normal que hombres, mujeres, adolescentes, niños y hasta abuelos venezolanos se levanten cada mañana temprano, se”encaleten” entre la ropa pequeñas cantidades de alimentos, medicinas y productos de belleza adquiridos tras largas filas en los supermercados, crucen por algún punto los 2.200 kilómetros de frontera colombo-venezolana, en carro, moto o a pie y pasen al otro lado, donde decenas de colombianos están listos, con plata en mano, para “raparles” estos productos vendidos, casi regalados, para ser revendidos en suelo colombiano. Se intercambian medicamentos, champú, tintes para el cabello, café, harina, azúcar, aceite, papel higiénico y todo lo que se pueda comprar a precio de huevo en Venezuela, lo que genera un negocio redondo tanto para venezolanos que hacen hasta tres viajes diarios con mercancía, como para colombianos que no ven otra opción laboral en la línea fronteriza.

 

bolivares 100 bolivaresA pesar de los mecanismos de control por parte de la Guardia Nacional, el microcontrabando de alimentos y gasolina ya se ha hecho bastante popular en las fronteras, y hoy, esta actividad extiende sus tentáculos a una nueva modalidad de negocio, el “bachaqueo” del billete de 100. Ahora el billete de mayor denominación en Venezuela es comercializado en Colombia a cambio de una comisión.

 

Escribo este artículo desde mi querida ciudad natal, San Cristóbal, en Venezuela, mientras hago una larga fila, de nunca acabar, en una entidad bancaria para retirar una modesta suma de dinero y cubrir los viáticos de mi estada por estos tres días en la capital tachirense. Del cajero sólo recibí un gran volumen de billetes de baja denominación, de 5, 10 y 20 Bs. Solicité al cajero cambiar el bulto de billetes que me entregó por unos de mayor valor, pero la respuesta fue que no se podía debido a que estos eran para “uso exclusivo de los cajeros electrónicos”, también me notificó que el valor máximo que se permitía retirar por ventanilla era de 10.000 Bs (equivalentes a 270.000 pesos colombianos). Para algunos en la fila del banco, era de perfecto conocimiento que pagando una comisión al cajero, se podía recibir una mayor cantidad de bolívares y los billetes de alta denominación, y pude notar cómo, en efecto, varios clientes lograron negociar la entrega de su dinero. ¿Pagarle al cajero por darle billetes de alta denominación? La respuesta la da el lucrativo negocio que propone la nueva modalidad del bachaqueo de compraventa de divisas venezolanas.

 

Los habitantes de la frontera colombo-venezolana, que se tragan el aire tóxico de estos gobiernos irresponsables, en una conducta colectiva, han decidido ir más allá del micro contrabando de alimentos y gasolina a “bachaquear” los billetes venezolanos. Los de 100 bolívares son vendidos y comprados desde 120 hasta por 140 Bs en la línea fronteriza, la ganancia es recibida en billetes de baja denominación, o en pesos, así, los “comerciantes de la frontera” obtienen un beneficio considerable y hacen de este un negocio bastante lucrativo, los venezolanos se rebuscan con qué comer vendiéndoles a los hermanos del vecino país, y los colombianos aprovechan el diferencial cambiario para hacer compras casi compulsivas y aprovechar los “gangazos” para vaciar las tiendas de San Cristóbal. La razón de este “negocio” es que la masa de dinero en billetes de baja denominación es muy grande para ser pasada desde Colombia hasta Venezuela para realizar transacciones, lo que convierte los billetes de 100 en la única forma de disminuir el volumen del billete nacional para su transporte a través de la zona fronteriza y evitar problemas con la Guardia Nacional.

 

En este complot de desangrar a Venezuela, de estancar la economía colombiana y de frenar el desarrollo social de ambos países están involucrados los gobiernos de Colombia y de Venezuela. No defiendo las actividades ilícitas, ni la confabulación para el fraude social que vienen haciendo comerciantes, estudiantes, adolescentes, adultos y abuelos de los dos países, pero son ellos quienes por muchos años vienen cargando la cruz de vivir en una frontera abandonada y excluida de los planes de desarrollo de gobierno, son nuestras fronteras y su gente los receptores directos de las consecuencias ocasionadas por los desacuerdos entre ambos gobiernos y están constantemente expuestas a toda clase de actividades ilícitas debido a la negligencia, al desgaste, al descuido y a las malas prácticas que han tenido nuestros dirigentes. No hemos sabido valorar nuestras fronteras, su extensión, su importancia geopolítica, sociológica, su relevancia comercial y su potencial económico. No se ha entendido aún que Colombia y Venezuela son dos hermanos siameses que se necesitan el uno del otro para poder vivir y una madre que los cuide y los sepa guiar por el camino del desarrollo y del bienestar.

 

 

 

 
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