SI NO COLAPSO, ¿QUÉ?

Fernando Egaña

Fernando Egaña

Fernando Luis Egaña
flegana@gmail.com

 

Alejandro Grisanti, economista en Barclays Capital, acaba de declarar que “Venezuela se encuentra en mitad de un colapso económico”, y justifica su parecer, entre otras razones, en que “se han roto y se siguen rompiendo los procesos de la cadena productiva”

 

Es verdad que las crisis nacionales pueden no tener fondo. Es verdad que la situación venezolana puede tornarse mucho pero mucho peor. Es verdad que puede quedar un margen importante para el agravamiento de todo.

 

Pero también es verdad que ya estamos viviendo en medio de un colapso económico-social con corrosivas implicaciones políticas. La idea de colapso no es una eventualidad que podría despuntar por allá en algún futuro cercano.

 

No. El colapso es una realidad. De hecho es la realidad primaria. Otra cosa es que no nos demos suficiente cuenta de ello. Y las dificultades en este respecto vienen de otra realidad: el colapso no sobrevino así de pronto, sino que se ha desarrollado –si cabe la palabra, paso a paso, no tanto en cámara lenta pero sí de modo paulatino.

 

Alejandro Grisanti, economista en Barclays Capital, acaba de declarar que “Venezuela se encuentra en mitad de un colapso económico”, y justifica su parecer, entre otras razones, en que “se han roto y se siguen rompiendo los procesos de la cadena productiva”. Y tal fractura de funcionamiento básico de la economía es una manifestación de un desorden profundo, extendido y también prolongado, que ha rebasado los límites de la crisis convencional, para entrar en los de un verdadero colapso.

 

Pero además de lo económico, la dimensión social también se encuentra en el terraplén del colapso, ¿o acaso qué significa la explosión continuada de violencia criminal, sino el deterioro ruinoso de la convivencia, la obliteración de las referencias legales, y el salvase quien pueda de la ley de la jungla? Más de 20 mil asesinatos al año lo confirman, así como también la justa percepción de indefensión general.

 

El que una nación relativamente pacífica se haya transmutado en una de las más violentas del mundo, es una señal harto visible de colapso social. Que muchos no lo quieran aceptar es otra cosa, pero eso tiene poco que ver con la verdad y mucho que ver con una especie de ceguera política, ideológica o en todo caso interesada.

 

En ese sentido, la pregunta adecuada no es cuándo llegaremos al colapso, como si este fuera un escenario venidero. La pregunta pertinente es cuándo saldremos de él, y desde luego, cómo saldremos del colapso. Las respuestas, obviamente, no son nada fáciles, pero serían imposibles si no termináramos de reconocer que el colapso es la realidad primaria en Venezuela.

 

 

 

 

 
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