LOS PRESIDENCIALES DE COLOMBIA

santos pazEl pasado domingo, rodeado de mis hijos con el buen pretexto del día del padre, me pregunta Iván, mi hijo médico:

–       ¿Quién ganará en las elecciones colombianas de hoy, papá?

–       Santos, le dije sin vacilar.

Toda elección es en cierto modo misteriosa, pero para mí ésta terminó tomando un rumbo claro en los días terminales. Las pasiones revueltas no dan lugar a interpretaciones medianamente objetivas y por eso quienes en Venezuela apostaban con vehemencia a Zuluaga podrán sentirse desilusionados. En Colombia, lo estamos viendo, la reacción del expresidente Uribe me parece desmedida en un político de raza como ha probado ser… en el pasado. En el final, con el pronóstico generalizado de “empate técnico”, Uribe y Zuluaga perdieron la calma y acusaron de fraude al rival. Fuera de cuánta verdad pudiera haber en semejante cargo, muchos lo apreciarían de otro modo.

–       Inoportuno por emitirse en pleno acto de votación. ¿Esperaban interrumpir el escrutinio o adelantarse a la derrota? Podría interpretarse como un esguince de perdedor.

Mientras tanto, Santos hizo lo obvio. Insistió en el tema del diálogo y la paz. En el fondo los colombianos anhelan que se pase la página de la violencia aun cuando condenen a las FARC y a Maduro. Con coherencia y la facilitación de las FARC, Santos quiso pasar por apóstol de la paz. Me pareció muy hábil el manejo de la adhesión del hermano de Alfonso Cano, sucesor de Marulanda en el mando guerrillero.

–       Me duele la muerte de mi hermano –dijo- pero respaldo a Santos porque aprecio altamente el diálogo abierto por él.

A su vez, don Juan Manuel habló sobre la profundamente deseada paz, el perdón y la esperanza de una Colombia sin violencia. Discurrió con semi-lloroso lenguaje de telenovelas.

–       El voto fue con “la ilusión de cambiar el miedo por la esperanza”, cerró con fuerza

En general, buena parte de la alternativa democrática de Venezuela se inclinaba por Zuluaga en la medida en que ese candidato exigía a Maduro respeto a los derechos humanos. El calculado silencio de Santos sobre este asunto cardinal despertó una lógica desconfianza. El cisma abierto por la estrategia chavista de exclusión, odio y persecución provocó juicios apasionados. Si vencía Zuluaga, Maduro y Diosdado serían arrinconados desde su flanco occidental. Si lo hacía Santos, Colombia se alinearía con los socios de la ALBA.

Son opiniones dictadas por emociones no controladas por la sesera. Ambas son exageradas y pueden determinar políticas equivocadas.

Los gobernantes actúan fundamentalmente conforme al interés del Estado. Siendo Uribe candidato por primera vez, lo conocí en un evento realizado en Madrid en 2000. Su total seguridad en la victoria me movió a preguntarle:

–       Vas de tercero lejos en las encuestas. ¿Cómo puedes estar tan convencido?

No repetiré paso a paso lo que me dijo, pero a lo que interesa: resultó tan certero que me dejó la impresión de ser un líder de enorme realismo. Tan seguro se sentía de triunfar que me preguntó:

OSCAR IVAN ZULUAGA, ALVARO URIBE PRESIDENCIA–       ¿Al obtener la presidencia cómo crees que debo tratar a Chávez?

Chávez-Uribe ya aparecían como los extremos del pentagrama latinoamericano.

–       Si eres presidente debes tratar de tener las relaciones más normales y fecundas con Venezuela, más allá de otras consideraciones. Eso sí. Si te reúnes con él no cometas el error de proclamar que todo estaba resuelto entre los dos países, como lo hizo Pastrana. Busca palabras prudentes porque a nadie convienen las ilusiones.

Creo que era lo que esperaba oír porque en efecto, mucho más allá de discrepancias ideológicas, ambos presidentes anudaron una excelente relación. La ruptura vino cuando a Chávez le dio por multiplicar su ayuda a las FARC y por querer desplazar a Uribe del centro de las conversaciones con Marulanda sobre liberación de secuestrados. La vanidad, la egolatría oscurecieron sus pensamientos. Oír y ver a Rodríguez Chacín llamando “camaradas” a los de las FARC que entregaron dos de sus presos, y despidiéndolos como se hace a compañeros de causa irritó a Uribe al punto de suspender el diálogo y sacar del medio a Chávez. Ofendido, el comandante eterno se enfrentó con todo a Uribe, lo cubrió de insultos, conspiró, entregó armas y hasta colocó blindados en la frontera.

-¡Me quiere matar!¡Me quiere matar! clamó.

De ahí la rabia antichavista de Uribe. De no ser tan absurdo el de aquí, hubiera cultivado cordiales relaciones con Colombia. Probablemente Uribe lo hubiese llamado su “nuevo mejor amigo”.

Tampoco puede olvidarse que Santos era hasta más enemigo de Chávez que Uribe.

–       Si gana las elecciones –proclamó el eterno- no le daré la mano. Lo enfrentaré desde que inicie su mandato.

Y ya vimos lo que pasó. Los cambios de Santos y Uribe –equivocados o no- obedecen al sentido político de los mandatarios colombianos.

Poco antes de los comicios me pregunta Julio César Camacho.

–       ¿Prefieres a Santos o a Zuluaga?

Es una entrevista radial desde Miami.

–       No me pronuncio por ninguno. Es el ganador quien debe pronunciarse por los derechos vulnerados de los venezolanos

Santos no puede ser “el enemigo”, por Dios. La democracia debe ganar al que pueda serlo y neutralizar a quien no pueda atraer. La lucha constitucional es contra el núcleo de la autocracia. A lo demás, imantarlo. Enfilarse contra Santos sería la torpeza que esperan del movimiento democrático para aislarlo y despojarlo de sus legítimas banderas.

Pero la pasión y el sentido común van en órganos distintos, aunque complementarios. Aquélla, el corazón, éste, el cerebro.

Ojalá no se olvide.

 

 
Etiquetas ,

Artículos relacionados

Top