UN PAÍS EN EL OJO AJENO

04 Collage Presidentes OEA ONUNo deja de asombrar cuánto levantisco parecido enlaza el vaivén político de otros países de Latinoamérica con el de nuestro propio país. La seña de Chávez, otrora gran Gurú de ese promisorio “nuevo modelo” de independencia continental contenido en los preceptos del Socialismo del SXXI, caló fuerte en las visiones de gobiernos afines con sus posturas, quienes sin ningún rubor apuestan hoy a la fórmula del continuismo, la propaganda mediática abusiva, la creencia en el fortalecimiento de una única institución -Estado-Gobierno-partido-, el control de medios de comunicación y de la justicia, como forma de mantenerse en el poder, a contrapelo de la existencia trabajosa de oposiciones menos dotadas de recursos para enfrentárseles.

 

Una realidad no es ajena: el compromiso ideológico selló entonces votos de feliz matrimonio con Venezuela gracias al patrocinio que la próspera petrochequera garantizó a manos llenas. Aún están frescas las denuncias sobre financiamiento de grupos de izquierda o campañas electorales de candidatos “chavistas” en países como la Argentina de Kirchner (donde también se aportó dinero a organizaciones “piqueteras” como la de Luis D Elía), el Uruguay de Mujica, el Chile de Enríquez-Ominami, la Bolivia de Morales, el México de López Obrador, el Ecuador de Correa o la Costa Rica de José María Villalta, por citar sólo unos pocos ejemplos. Chávez era considerado el gran benefactor del continente, y su figura mítica de Mesías-exportador de una franquicia “liberadora”, alimentaba el amor de muchos dirigentes de la región.

 

Pero conocemos el axioma: por más ciego que sea, el amor hambriento no dura. Sin el peso abrumador del líder en la emotiva ecuación, y con una realidad económica, social y política de un país en francos estragos, crispado por la protesta y la sistemática violación de Derechos Humanos, la ascendencia de Venezuela en el continente parece mermar con implacable velocidad. Maduro, sin el carisma o los copiosos recursos que se permitió derrochar su predecesor, trastea con la crisis interna mientras en vano busca mantener la otrora ideal, poderosa imagen internacional de la Revolución Bolivariana. Y si bien las alianzas estratégicas respiran con alguna salud (el agradecimiento sigue siendo feroz catalizador de la opinión) no hay duda de que la ceguera de ese amor inicial se disipa, poco a poco.

 

Los cuestionamientos de aliados emblemáticos como Mujica y Correa resultan elocuentes. Durante una entrevista para CNN, don Pepe, el exguerrillero, apuntaba sobre Venezuela que “hay que tratar, en lugar de echar fuego, de contribuir a que exista racionalidad, porque nadie va a poder gobernar con ese clima de confrontación”. Correa, el economista, quien puja hoy en su país por la reelección indefinida, opinaba que “se han cometido errores económicos, y eso exacerba las contradicciones (…) Venezuela era la Arabia Saudita del mundo, ¿a dónde se fue ese dinero?”.

 

También en Colombia, la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez exigía al presidente Santos un pronunciamiento sobre la persecución política contra Machado y López; y hasta el tibio Unasur, como facilitador del diálogo en suspenso, se permitía reclamar “prudencia en las declaraciones para permitir avances”, haciendo claro llamado de atención por las insolentes expresiones de Cabello y Rodríguez sobre los acuerdos tratados con la MUD. Por si fuese poco, el reconocido diario francés de izquierda Le Monde, asegura en editorial reciente que, a modo de aciaga pesadilla, “el chavismo arrasó con el país”. Le Monde, ante la expresión de este “exotismo latino” que cual musa desdentada aún seduce a intelectuales de izquierda en Europa, trajina con nuestro mismo estupor: “Al país no le quedan casi divisas, ¡el colmo para un país exportador de petróleo!”.

 

En Chile, Argentina y Brasil el silencio aún no se conjura, pero no han faltado apremios por parte de la sociedad civil y los medios independientes que instan a sus respectivas presidentas a manifestarse. Así apunta un editorial de “El Periódico”, de Argentina: “¿Qué hace falta para que la OEA, la ONU y los gobiernos democráticos del mundo denuncien lo que sucede en Venezuela y adopten posturas consistentes con su discurso de respeto a los derechos humanos?”. Asimismo, el expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, criticó la postura de la diplomacia brasileña respecto a Venezuela y calificó de “escandalosa” la actitud de los países latinoamericanos: “Estamos validando un modelo distorsionado de democracia”, sentenció.

 

Así que no importa cuánto amenace Maduro, quien advierte que “quien se meta con Venezuela, se seca”: la situación del país genera turbación en el mundo. Y es que como decía Vargas Llosa en días pasados, “no se puede ser neutral frente a la peste bubónica”. Apoyar al Gobierno de Venezuela parece entrañar ahora un enorme costo político (ya a Santos le tocó probar un poco de esa amarga sopa): un costo que pone en serio trance las viejas alianzas; y sí: “el amor que le tenían…”.

 

 

 
Mibelis Acevedo DonísMibelis Acevedo Donís

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