La generación del cambio

Daniel Fermín A. 

No es el mejor momento para ser joven en Venezuela. Las carencias que ha traído el modelo fracasado del gobierno se intensifican especialmente en la juventud.  Son jóvenes las principales víctimas de la violencia, del déficit de vivienda, del desempleo y el empleo precario.  El socialismo ha truncado las oportunidades de desarrollo de toda una generación.

Tan sólo en Caracas han ingresado a la morgue más de 2.000 cadáveres por hechos violentos en cinco meses. Las notas de sucesos dibujan el panorama aterrador de la muerte prematura: 23 y 17 años tenían, apenas, dos víctimas que, en episodios distintos, fueron asesinados para robarles sus motos esta semana. 50 adolescentes han perdido la vida en lo que va de año y se calcula que al menos 10% de los episodios de violencia escolar involucran armas de fuego.

Más de 1 millón 600 mil jóvenes no estudian ni trabajan en el país. Más de 700 mil no buscan emplearse ni emprender.  De estos, 70% son mujeres. Esta es la realidad alarmante de un país sin oportunidades que vuelve especialmente vulnerable a todo un segmento de la población. En pleno bono demográfico, la gravedad del asunto es aún mayor. En lugar de aprovechar la fortaleza de una juventud que puede poner a producir al país, el modelo actual desperdicia su talento, dejando a millones en las garras de la delincuencia y de la miseria.  La revolución madurista es una verdadera fábrica de pobreza.

A los jóvenes venezolanos se les hace cada día más difícil soñar con un futuro mejor. Como quimeras quedan los planes de independencia económica, de vivienda propia, de sueldos dignos que puedan cubrir las necesidades básicas. El régimen ha frustrado las esperanzas de millones de venezolanos que hoy buscan otros destinos o se resignan a sobrevivir entre las ruinas del engaño socialista.

Frente a esta realidad, debemos organizarnos para impulsar los cambios que requiere la juventud venezolana.  No podemos conformarnos a ser otra generación perdida ni a esperar a que sean nuestros hijos los que disfruten de una Venezuela distinta.  Nos toca ser la generación de ese cambio, protagonistas de las luchas que reivindiquen las oportunidades que se nos han negado en estos quince años de oprobio. La revolución no es para los jóvenes, que hoy malviven entre el miedo y la pelazón.  No hay vida con este modelo, por eso debemos cambiar de rumbo y promover un camino mejor, lleno de oportunidades para todos, que permitan a la juventud enrumbar a Venezuela hacia el desarrollo y el progreso.

 

 

 

 

 
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