El genoma repara la mala fama del eucalipto

eucalipto2Javier Sampedro

 

Plantaciones de Eucaliptos en Brasil. / Veracel, Brazil

 

Australiano de origen, rápido de crecimiento, feo de aspecto y explotado por la industria más sospechosa –la farmacéutica— o por la más contaminante –la del papel—, el eucalipto parece un buen candidato a la especie biológica más odiada del planeta. Entonces, ¿por qué leer su genoma? Primero, porque es difícil ignorar al árbol más plantado del mundo. Segundo, porque es un generador evolutivo de novedades capaz de adaptarse a todo tipo de entornos. Y tercero, porque su vertiginoso crecimiento le convierte en una fuente renovable de papel, biocombustible y aceites esenciales con usos medicinales e industriales.

El genoma del eucalipto, revela una macroinvestigación internacional, lleva el mayor número conocido hasta ahora de duplicaciones en tándem, o genes repetidos cabeza a cola, lo que explica su rápida producción de madera; y también su gran capacidad de adaptación, ya que duplicar y modificar un gen siempre es mucho más rápido que inventarse uno desde cero. Los genes para los aceites esenciales también han experimentado un brote de repetición y diversificación en tiempos no muy lejanos. El genoma, en cierto modo, repara la pésima fama del odiado árbol.

El eucalipto secuenciado es el más común (Eucalyptus grandis). La comparación de su genoma con el de otra variedad silvestre (Eucalyptus globulus) y varias cepas comerciales ha demostrado dos hechos importantes: que la selección artificial de la agricultura se basa en la rápida dinámica del genoma que ya poseía este árbol, con particular énfasis en la mencionada duplicación de genes en tándem; y que la depresión endogámica –lo contrario del vigor híbrido— se debe a fenómenos del ADN que también son lo contrario de la variedad genética. La endogamia también es perjudicial al nivel molecular, o más bien debe su carácter perjudicial al nivel molecular: al de las secuencias de ADN (gatacca) similares pero no idénticas que aportan las duplicaciones de genes.

eucalipto-propiedades-hoja-maravillosa-300x380El genoma del eucalipto es obra de un consorcio internacional de 70 científicos, coordinado por Jeremy Schmutz, jefe del programa de plantas del Instituto Genómico del Departamento de Energía de Estados Unidos, con sede en Walnut Creek, California. Los genetistas sudafricanos, brasileños y australianos se han implicado a fondo en el proyecto, como corresponde a las mayores superficies plantadas de eucaliptos del planeta.

Presentan su trabajo en el artículo principal de Nature, con la intención de “expandir nuestro conocimiento de la singular biología de los grandes árboles de hoja perenne, y proveer una poderosa herramienta para acelerar su biología comparativa, su cultivo y su biotecnología”. Los autores sostienen que el conocimiento profundo del fundamento molecular del crecimiento rápido y la adaptación eficaz de los árboles es la gran oportunidad que tiene abierta, en amplias zonas del mundo, una economía basada en los biomateriales y la energía sostenible.

Pese a su mala fama, las grandes ventajas del eucalipto se han traducido en su adaptación para el cultivo forestal en más de 100 países de los cinco continentes, donde cubre ahora mismo 20 millones de hectáreas (una hectárea viene a ser un campo de fútbol), una marca imbatible entre los árboles. Sus defensores arguyen que su plantación mitiga la presión humana sobre otras especies arbóreas más delicadas.

Uno de los grandes valores de los eucaliptos es su producción de casi todos los aceites esenciales usados en la industria, la parafarmacia y la perfumería. Estos productos forman una familia química esencial para nuestra biología: los terpenos.

Los terpenos son muy variados y complejos, pero constituyen una familia química homogénea porque todos se derivan de un ladrillo muy simple, el isopreno (C5H8), uno de los módulos de construcción más comunes e importantes de la naturaleza. Las esenciales hormonas esteroides del cuerpo humano no son más que derivados de los terpenos, como también lo es la vitamina A. Deben su nombre a la palabra inglesa para el aguarrás o la trementina (turpentine), y dan su consistencia y olor a la resina de los pinos y demás coníferas.

Su fuerte olor –que no siempre es tan agradable como el de la resina— les confiere su carácter de defensa biológica, pues repugna a los parásitos comunes de la planta en cuestión. Los parásitos evolucionan rápido para superar esa zancadilla, y de ahí que también lo haga la bioquímica de los terpenos, generando nuevas configuraciones moleculares que vuelvan a espantar a sus evolucionados visitantes. Ley de vida. Y muy útil para la agricultura en este caso.

Tomado de El País

 
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