La casa se le está cayendo encima

La situación de deterioro y crisis que está sufriendo el país no es de ninguna manera responsabilidad única de Maduro. El deslave institucional, económico y social que vivimos es consecuencia del modelo de socialismo que a trocha y mocha intentó imponernos Hugo Chávez.

Maduro, Giordani, Cabello y la “Dirección cívica militar” de la revolución son cooperadores inmediatos, corresponsables, cómplices del proyecto político más perverso que se haya conocido en Venezuela en toda su historia republicana.

El historiador Germán Carrera Damas ha advertido que con Chávez advino la demolición de la republica y del proyecto democrático iniciado en 1945, para sustituirlo por una estructura paralela al estado republicano, con el pretexto de crear un vínculo directo entre la sociedad y el centro de poder. Como hemos visto la demolición institucional lo que ha generado es ineficiencia y corrupción al más alto costo para la sociedad, y a la vez resucitado el fantasma del militarismo que tanto daño le ha hecho a los pueblos latinoamericanos.

Lo del TSJ de permitir a los militares asistir a reuniones, mítines y marchas políticas contradice el texto y el espíritu de la constitución del 61 y la del 99 al respecto del papel de las fuerzas militares en una sociedad democrática. Las intenciones de convertir a las FANB en el partido de gobierno en un momento en que las encuestas revelan la caída de popularidad de Maduro y su gobierno, es un acto desesperado que evidencia que ya no tienen pueblo, o confían poco en una recuperación, porque el estado rentista está agotado, y queda poco por repartir para mantener viva la llama de “la revolución”..

El populismo adeco-copeyano colapsó cuando el gasto interno impidió el crecimiento del gasto social, o de la inversión social como les gusta decir a los planificadores. El mega estado petrolero como en la mitología griega se convirtió en un dios devorador de todo lo que procreaba, un Saturno implacable que se engulló sin distinción lo bueno y lo malo que se hizo en la mal llamada cuarta república.

Algo idéntico le está ocurriendo a la revolución bolivariana. En 1998 el estado venezolano contaba con 1.500.000 empleados públicos, y ya en esa época se hablaba de reducir la nómina del estado para ahorrar recursos y hacer más eficiente los entes estatales, el entonces candidato Chávez prometió reducir el número de ministerios que para esa fecha eran 13 y hoy creo que son 23 o más, por supuesto que en ese momento el precio del petróleo estaba bajo, y eso contribuyó para que las ofertas electorales fueran de austeridad, pero una vez transcurridos unos meses en el poder, el mercado petrolero subió como la espuma y permitió que tuviésemos el ingreso petrolero más alto que hayamos conocido, la nómina de empleados estatales ascendió a cerca de 3.000.000 millones de funcionarios, y el populismo adeco-copeyano se quedó corto en comparación con la exuberancia del gasto público, en la creación paralela de programas sociales que duplicaron funciones y gastos, y en la creación de un capitalismo de estado que ahora hasta ellos mismos critican por ineficiente y corrupto.

Pero está a la vista que Maduro no puede exigir lealtades sin real, y por eso las grietas y la goteras que están apareciendo a lo interno del PSUV no se pueden tapar con remiendos. A este gobierno se le está cayendo la casa encima y ninguno de los de adentro hace nada sensato por salvarlo.

 
Carlos OchoaCarlos Ochoa

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