La melcocha de Maduro

Giordani-MaduroY si Giordani influía tanto en el desarrollo del “proceso”, entonces Maduro hizo bien en defenestrarlo

Un aspecto de la carta de Jorge Giordani que, pese a su obviedad, ha pasado bajo de la mesa, es la seguridad con la cual el distinguido profesor ha zanjado las dramáticas diferencias entre el Hugo Chávez que se fue y el Nicolás Maduro que se quedó.

A su juicio, se trata del inmenso vacío de poder que la desvaída figura emergente no ha podido llenar ni por asomo. Pero además de la hiel que destila un análisis cuya formalidad académica disimula muy mal el resentimiento y el desprecio, Giordani advierte que Chávez resolvía, antes que posponer, los problemas planteados por la coyuntura porque estaba claro en la estrategia y en los objetivos supremos de la revolución. Y los resolvía porque además de consultarlos con él, su maestro y mentor, controlaba todos los hilos del poder, de manera que nadie, ni civil ni militar, llegaba a pensar, no se diga, a desafiar, unas órdenes que, a veces no y otras veces tampoco, llegaban a materializarse por incapacidad de los ejecutantes, porque se perdían en el laberinto de la burocracia y la corrupción o porque simplemente eran irrealizables.

Como contrapartida ahora tenemos a un Maduro que perdió la brújula porque en vez de confirmar las líneas maestras y definir con él, sumo sacerdote del culto chavista, la táctica que el momento actual exige, se ha echado en brazos de los asesores franceses en medio del relajo, el desenfreno y el derroche. Pero no se trata sólo de eso, que ya es bastante, sino que estamos ante un tipo irresoluto, debatiéndose entre facciones separadas por los más mezquinos intereses e incapaz, no digamos de tomar decisiones, aun cuando sean equivocadas, sino de escuchar a unos y otros y al final echar para adelante, para luego echar para atrás, mientras el país se va por el sumidero.

Conclusión 

Tal aberración y dispendio de tan extraordinaria suma de poder heredados por Maduro ha puesto en entredicho el futuro inmediato de la revolución, única conclusión que uno podría compartir con Giordani, porque si bien es cierto que Chávez mandaba con seguridad y sin titubeos (y ya dijimos que con muy poca concreción), fueron sus erráticas, caprichosas y equivocadas decisiones las que nos colocaron al borde del colapso. Y si Giordani influía de manera tan determinante en el desarrollo del “proceso”, entonces Maduro hizo bien en defenestrarlo. 

La mala noticia es que el sacrificio de Giordani no implica un cambio radical del modelo chavista, si podemos llamar así a esa melcocha amorfa y caótica con la que el heredero no sabe qué hacer.

 

 

 

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