Protesta inteligente

El pequeño problema radica en saber si es posible protestar en dictadura. Porque según los libros, en dictadura el que protesta se le atiesta y ya. Ahora, si estamos en Neodictadura, la cosa cambia. Y ustedes, sabiamente, me preguntarán: Pero mulata, ¿cuál es la diferencia entre neo y dictadura? Si me lo preguntan en tono criollo, hablo, porque si lo hacen en punto cubano me da calambrina y no explico nada.

Las dictaduras tradicionales son estructuradas, no hay trabajo mediático más que el silencio y la censura, no se cuidan las apariencias internacionales hasta el infinito, hay una sola unidad de mando; generalmente, no cuentan con líder mesiánico con fuerte enganche emocional con la población económicamente más desposeída (la gran mayoría). Luego, no dejan en el bate a hijastros, tanto adoptados, como expósitos que continúen la macolla. Tampoco cuentan con padrinos famosos internacionales, con más historia que el propio Tutankamon que se rasgan las venas manteniendo la dictadura ajena porque están viviendo de los dólares de estos oprimidos, como un vampiro hinca el colmillo en su víctima.

En las Neo, te acarician con comida barata, frases de amor, algunos tanques de agua y promesas de casas que nunca llegan, pero que nunca dejan de llegar; te ponen en listas, te visan, te dan circo y te mandan temprano a tu casa porque si no, te matan los comanches limpia noches.

Utilizan aliados internacionales con gigantescos contratos multimillonarios que los hacen ver, en vez de muñecos de cera y cloroformo, como cadáveres recién muertos para la opinión internacional. Así de bizarra es la cosa en las Neo. Y en medio de la cotidianidad y del tránsito de la vida, casi por 15 largos años, las Neo, usan la letal inyección diaria de miedo, ofensas y desaliento, salpimentado con el triunfalismo y el –no se equivoquen semanal−, con el consabido silencio posterior, donde tú sabes que dicen, −si se resbalan, me los echo−.

Entonces, los jóvenes reaccionan, con capuchas, botellas y candela en un performance tradicional de, tú me das, yo te respondo a botellazo limpio, contra lacrimógenas, balas, peinillazos, cárcel y tortura. Protesta tradicional. Pero aquí va lo que da nota: la nueva neoprotesta.

Revisen la puesta en escena: 12 del mediodía, Maracay, sol de candela, el público quiere llegar, semáforo en rojo, parada obligada. Entonces, más de 50 estudiantes toman la esquina, consignas, pancartas, pasquines, voces de megáfono, gritos, consignas: “El gobierno del hambre que nos oprime”. El público baja los vidrios y aplaude.

Alguno en la cola grita: “Pero tenemos patria, sin comida, ni libertad”. Discursos, diálogos inter, intra vehicular. Se arma la conga en cada carro. Hay trifulca, contubernio, hasta que cambia el semáforo. Los jóvenes se retiran, los carros siguen su marcha taciturna con la idea en la mente que hay sangre joven pendiente de la libertad. Algunas veces se salvan de las falanges del terror que les caen para dispersarlos. Otras veces no. Que Dios los tenga en su gloria a los ángeles de libertad que es como ha debido llamarse este diminuto pasquín.

 

 

Doctora en Ciencias Sociales y profesora universitaria

 

 

 
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