¿Unidad?

unidad_superiorEl gobierno, deslizado en pendiente, sabe de la fuerza que significa la unidad democrática, por eso hará lo imposible para fracturarla. Cada uno de sus zarpazos dictatoriales tendrá como objetivo principal la desesperación de muchos, quebrar la unidad.

Mientras más se calienta el ambiente, más difícil la unidad. Pareciera inevitable. La malcriada carta del exministro abruma los ánimos en el patio interno del poder. Desde Miraflores le propinaron la misma medicina que a cualquier estudiante corajudo, la del librito cubano: traidor.

No ha habido -y posiblemente nunca haya- respuesta oficial a las impertinencias del llamado Monje. ¿Por qué tendría que haberlas? Tantos años sin dar explicaciones, probablemente no sabrían ni cómo darlas. ¿Quién las daría? ¿Quién les creería? Ya en el patio de la oposición democrática, la confusa misiva fue recibida como otra evidencia contundente de la descomposición del régimen. De sus grietas. Del insólito universo que estamos obligados a compartir. Futura pieza de algún futuro juicio. Parte del expediente del colectivo viaje a las profundidades del caos y de la pobreza masiva en que andamos.

Si nos situamos un año atrás, en cualquier circunstancia de la vida que elijamos, la diferencia es abismal. Todo, pero todo, se ha degradado sin pausa. Hay quienes aseguran que todavía quedan sótanos por visitar. Sin embargo, hay también más esperanza, mucho apuro y algo de certeza de que estamos más cerca del final de este agobiante episodio al que no se le encuentra lógica por ningún lado. En todo caso, el deterioro es una autopista en la que estamos montados y desde hace un año nos pasamos al canal rápido. La bronca es palpable en la calle y las encuestas la certifican. No debería haber dudas de que los aires de cambio están presentes.

Muchos no ven el momento en que esto se haga realidad. Pero la oposición democrática ni es homogénea, ni hace esfuerzo por parecerlo. Y probablemente es más sano que así sea, que las propuestas políticas compitan y se complementen. Por supuesto que también hay un sentimiento de urgencia que gana terreno sobre cuándo y cómo lograr el cambio.

A este servidor le cuesta dar pronósticos, aunque mantiene su voluntad unitaria. El camino recorrido por la oposición ha sido un largo aprendizaje y no ha dejado de crecer. Como tantos otros me solidarizo con la voluntad que une la calle y las elecciones, a los presos políticos y a los dirigentes que patean la geografía. No tengo, lamentablemente, la certeza de los elegidos para dictaminar.

Con curiosidad, repaso a Cuba, al Muro de Berlín, el 23 de enero del 58, el complejo cuadro de populismo mesiánico actual y no encuentro una única respuesta de acción. Se me antoja que, por ahora, imbuido de tolerancia, todo lo que se pueda hacer por la unidad tiene sentido y es consecuente con la decisión de cambio.

El gobierno, deslizado en pendiente, sabe de la fuerza que significa la unidad democrática, por eso hará lo imposible para fracturarla. Cada uno de sus zarpazos dictatoriales tendrá como objetivo principal la desesperación de muchos, quebrar la unidad. Mientras más popularidad pierda, más agresivo será, qué duda hay. Va a costar mucho la unidad, pero se vislumbra como el camino más sensato.

 

Tomado de @talcual

 
Carlos OteyzaNo photo
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