EL PRÓXIMO PRESIDENTE DE EE UU

Julián Castro

Julián Castro

Si Julián Castro no es en algunos años más presidente de Estados Unidos, alguien como él lo será pronto. Seguro.

 

Aunque su intervención en Charlotte no tuvo el mismo impacto arrollador que la de Barack Obama en Boston, en 2004, Castro, alcalde de San Antonio[i] y primer hispano que pronuncia el discurso de apertura de la convención de un partido político norteamericano, demostró que, con 37 años, ya es un gran orador, con capacidad para llegar al público y con la fuerza y la pasión que se requieren para ser presidente de este país.

 

Pero no son esas cualidades, necesarias en todo caso, las que lo han aupado a la posición relevante que hoy ocupa en la escena nacional. Es su historia personal. Descendiente de inmigrantes mexicanos y forjado en un vida difícil en la que no conoció privilegios ni favoritismos, el perfil de Castro se parece mucho más al de la mayoría de los norteamericanos que el de Mitt Romney. Igual que la Convención demócrata, con su evidente mezcla de razas, sexos y clases sociales, se parece más al verdadero EE UU que la Convención republicana, claramente dominada por hombres blancos.

 

Obama ganó la presidencia en 2008 pese a perder frente a John McCain en el grupo de hombres blancos. Seguramente, Obama apenas pasará del 30% de respaldo entre los hombres blancos en noviembre, y aún así puede ser reelegido.

 

Actualmente, algo más del 60% de la población norteamericana es blanca anglosajona. Pero, este año, por primera vez en la historia, han nacido en EE UU menos niños blancos que no blancos, lo que anticipa que, dentro de 20 años, los blancos serán menos de la mitad de los votantes. De acuerdo a un estudio del Pew Center, el 85% del crecimiento de la población norteamericana en 2050 será generado por los inmigrantes y sus descendientes. Para ese año, los latinos serán alrededor del 30% del total de los ciudadanos.

 

En esas condiciones, el alejamiento del Partido Republicano de las minorías raciales constituye un verdadero suicidio político. Según encuestas recientes, en el supuesto de que se volvieran a enfrentar, Obama aventaja a Romney entre los hispanos con un 63% frente a un 26% del republicano. Entre los afroamericanos, el porcentaje del candidato republicano es, desde luego,  absolutamente insignificante, y pierde también entre los asiáticos. Estados tradicionalmente republicanos, como Nevada, Colorado, Virginia o Nuevo México, fueron ganados por Obama –que también está hoy por delante en todos ellos- gracias a la presencia creciente de votantes hispanos. Lo mismo ocurrió hace tiempo en California, automáticamente asignado ya a los demócratas, y empieza a ocurrir en Tejas, un tradicional reducto conservador donde la ventaja de Romney, (quien ha reaparecido en las encuestas) no llega hoy al 10%.

 

El Partido Republicano ha tratado de compensar esa carencia con el protagonismo otorgado a Marco Rubio, también hijo de inmigrantes. Pero no ha entendido que, aunque hispano, Rubio, de origen cubano, no representa a la mayoría de los hispanos ni, sobre todo, su agenda política es la de los hispanos. Las prioridades de los hispanos son legalización, integración y oportunidades. Sólo en segundo plano les preocupan cosas como aborto o déficit financiero, y, por supuesto, aborrecen las consignas racistas que con frecuencia surgen del Tea Party. Como ha dicho el profesor Frank Sharry, “puede que los latinos estén decepcionados con Obama, pero están aterrorizados con Romney”.

 

El nombre de Julián Castro puede sonar menos “americano” que el de Mitt Romney. Sin embargo, lo es mucho más. Su historia coincide, como mínimo, con la de otras 50 millones de personas que también tiene origen hispano y humilde. Comparen eso con un mormón con cuentas corrientes en Suiza y las islas Caimán.

 

@ELPAÍS

 

[i] En el mes de mayo, Castro fue designado Secretario (Ministro) de Vivienda y Desarrollo Urbano por Barack Obama, por lo que debió renunciar a su cargo como alcalde de San Antonio, Texas.

 
Antonio CañoAntonio Caño
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