Las purgas

JorgeGiordani¿Cuándo reconocerán que están equivocados y que el peor de los populismos es el comunista? 

Un buen líder no es quien tiene el motivo de poder sino quien recapacita sobre sus acciones, descubre sus errores y es capaz de rectificar y enmendar. Dicen que Giordani ha sido el único revolucionario que no robó para su propio peculio; aunque por su carta sabemos que cuanto menos fue cómplice del desvío y uso indebido de los recursos públicos para beneficio del otro que murió sin asumir la culpa de un modelo equivocado.

Solo eso es delito, pero él no lo reconocerá. Una serie de emociones que van desde la desilusión y la rabia, al odio y el resentimiento, se lo impedirán. Se dirá a sí mismo que él, único honesto, es ahora desplazado y culpado de todos los males producidos. Razonará que sus intenciones eran trascendentales y sus decisiones perfectas pero no funcionaron por los otros, malos o incapaces de comprender la necesidad de sacrificio para lograr la sociedad perfecta. Todos los teóricos siempre concluyen igual: no es culpa de ellos ni de la teoría sino de los seres humanos imperfectos.

Pero él, ni aquellos que lo sacan y a su vez serán purgados, podrán reconocer que erraron; que fue un error desde el principio expropiar, invadir, estatizar, controlar todo. ¿Cuándo reconocerán los comunistas que están equivocados y que el peor de los populismos es el comunista?

No pueden reconocer ni enmendar porque en realidad no son buenos líderes, ni siquiera son líderes. No es líder quien lleva una nación a su destrucción. Son resentidos, ángeles del mal que movidos por torvas psicologías no pueden siquiera verse en el espejo y necesitan echar a otros las culpas de su propia incapacidad.

Por eso, los gobiernos comunistas siempre llegan a las purgas de sus propios cuadros. Cuiden sus cabezas: militares, ministros y jefes de ministerios; gerentes y directivos de empresas del Estado; militantes del partido único. Como el error que han cometido es incorregible, tendrán que intentar pasar el fardo de sus culpas a otros. Solo que en esa epidemia, el turno llega a todos, antes o después.

 

 

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