¿Cuánto queda pa’ mí?

cuánto hayMientras el reparto del Estado alcance, las mayorías se hacen la vista gorda

Ahora resulta que el problema es la corrupción administrativa, que de repente se le han visto las costuras al gobierno y cunde la indignación moral en el chavismo por causa de la corrupción. Ahora resulta que los colectivos del 23 de Enero, los Círculos Bolivarianos, Lina Ron o las unidades de batalla electoral nunca recibieron generosas “ayuditas” por parte del Estado. Por lo visto, la corrupción en Venezuela sólo se convierte en problema cuando “ya no queda nada pa’ mí”. Hay, por demás, dos grandes tipos de corrupción, la inconmensurable, que sencillamente utiliza la inmensidad del Estado como propiedad privada, y la de las empresas de maletín. La primera es loable, la segunda condenable. Si usas la mitad del presupuesto de la nación por vías extrapresupuestarias para manipular las elecciones y así consolidar el poder, pues la Coordinadora Simón Bolívar dice: muy bien.

La indignación ante la corrupción en Venezuela ha sido uno de esos mitos de la doble moral nacional que nadie ha querido desenmascarar. Con esa bandera subió Chávez al poder para constituir uno de los sistemas políticos y económicos más propensos a la reproducción e infección de esa enfermedad social. Una de las evidencias de nuestras investigaciones para el Diccionario de la Corrupción en Venezuela (3 vol.) es que la denuncia de la corrupción había sido el principal instrumento para el ascenso de políticos corruptos al poder. Los denunciantes casi siempre resultaron ser, también, implicados. En nuestra sociedad picaresca, la corrupción nunca ha sido un problema siempre y cuando “algo me salpique a mí”. Mientras el reparto del Estado alcance, las mayorías se hacen la vista gorda. Y todo el mundo está esperando su cuota parte en el reparto. Si la corrupción se constituyó en uno de los principales vehículos de apropiación y distribución de la renta petrolera, no lo hizo por la mala voluntad de unos pocos sino por una falla colectiva en la constitución subjetiva de las instituciones y las normas en cada uno de nosotros.

 

 

 

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