El control del poder y la revolución ciudadana

diosdado-tabacoFueron aquellos polvos los que trajeron estos lodos. En la elección presidencial de 1998 el país se vio enfrentado al dilema de escoger ciertamente entre dos formas de cambio. Al final de esta nota trataremos de caracterizarlas. Lo que intentaremos ahora es de descifrar quiénes y por qué estaban detrás de cada una de ellas.

En Venezuela se gestaba una verdadera revolución de la sociedad civil. Puertos, aeropuertos, Coautopistas, sectores importantes de la educación, la salud y el deporte comenzaron a ser manejados por los estados y los resultados en eficiencia y dinamismo de la vida económica y social del país, fueron muy rápidos. Un Solo ejemplo: Puerto Cabello que tenía más de 1500 “obreros” en sus nóminas pasó a tener en 10 meses, 120 trabajadores. Un barco que pasaba más de 90 horas promedio en los muelles, pasó a pasar menos de 38 y un puerto que le costaba a la nación más de 1.500 millones de bolívares al año, dejó de dar pérdidas y el estado Carabobo recibió 800 millones de ingresos. Nadie podía creer que una ambulancia podía llegar en menos de 5 minutos a un accidente y trasladar a los heridos por citar otro pequeño ejemplo.

Así mismo en Aragua, aparecieron hospitales como Los Samanes y centros de diagnóstico de última generación. En Mérida escuelas integrales dotadas de todos los adelantos y alimentación y recreación para decenas de miles de niños. Podríamos pasar horas y cuartillas enteras para hablar de los avances revolucionarios de esa época.

Todo ello repercutió inmediatamente en el mejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos. Pero ¿a quién no le gustaba esto? Síganos a la próxima nota y veremos.

 

CENTRALISMO MILITAR VS SOCIEDAD CIVIL

 

Cuando la mayoría de los factores de poder fáctico en Venezuela: Los Amos del valle, los banqueros, los dueños de medios de comunicación social, los cogollos partidistas, comenzaron a ver que su tradicional fuente de privilegios se estaba perdiendo en un proceso que estaba generando centenares de liderazgos en todo el país. Alcaldes, gobernadores electos a quienes no controlaban, resolvieron agruparse en torno a la candidatura de Hugo Chávez. Chávez, ciertamente, cabalga un sentimiento anti partido, anti corrupción; interpreta el sentimiento de cambio y logra ese apoyo decisivo en poder, dinero y propaganda que hace inclinar la balanza a su favor.

Chávez engañó a muchos, es verdad, pero había muchos que querían ser engañados y que apostaron a que domesticarían al muchacho y contaban con que no les saliera malcriado. Luis Miquilena juega un papel muy importante en morigerar el lenguaje del candidato y en su presentación en los grandes salones caraqueños.

La vieja oligarquía, los amos del Valle, los doce apóstoles, los Yupies del momento necesitaban un estado centralizado. Un puerto dirigido desde el INP en Caracas, desde donde ni siquiera se veía el mar, un ministerio de hacienda complaciente, unas licencias d importación otorgadas a discreción, indulgencia y canonjías, como siempre las habían tenido.

Algunos se dirán, les salió el tiro por la culata. Es verdad el muchacho les salió respondón y se buscó otros para seguir el jueguito.

Decimos que buscó otros porque la corrupción en Venezuela y el enriquecimiento a expensas del estado han aumentado exponencialmente. Cada nacionalización, cada norma restrictiva genera privilegios para quienes toman las decisiones. Por eso, desde obtener un contrato en PDVSA hasta sacar el pasaporte genera nuevos ricos o acrecienta la fortuna de viejos. En eso, nada ha cambiado en la nación.

Henrique Salas Römer, presidente de la Asociación de Gobernadores y cabeza de ese proceso de revolución de la sociedad civil, no podía gobernar a Venezuela. Para esa revolución no estaban preparados los poderes fácticos del país.

La militarización de Venezuela, el control de PDVSA y su destrucción para ordeñarla, son la consecuencia de aquella decisión del 1998.

La orden de aprehensión contra Salas Römer no es más que el intento de enterrar aquel proceso de descentralización y de revolución ciudadana. No quieren que quede ningún rastro de aquellos días.

 

 

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

Artículos relacionados

Top