El futuro del triángulo ceresoleano

El comandante no tuvo tiempo de esculpir los detalles de su última voluntad 

Un gran barajo está ocurriendo en el seno de la revolución… Desde el ascenso de “la sucesión” comenzaron a moverse las piezas del tablero. En el trajín se ha venido redefiniendo el poder, con sus nuevas correlaciones de fuerza y sus ámbitos de influencia. El comandante no tuvo tiempo de esculpir los detalles de su última voluntad: de ella solo se conoció su preferencia por Maduro. Su testamento adoleció de precisiones medulares, aunque, con su muerte, la naturaleza “ceresoleana” del proyecto perdiera su principal vértice.

Siempre se supo que las contradicciones en el campo bolivariano tomarían un itinerario pedregoso una vez que los deudos del hiperlíder superaran la etapa inicial del duelo. Era inevitable que sobrevinieran trastornos en el orden establecido por Chávez y, con ellos, una traumática repartición del poder endógeno. La carta de Giordani no contiene novedades mayúsculas, pero ha servido para descorrer parte del turbio velo de apariencias que por años ha arropado las intimidades de la revolución. Desgarrado ese cortinaje de hierro, se ven ahora con mayor nitidez las dudas que palpitan en los cenáculos rojos, todavía excoriados por la desaparición del hegemón: una de ellas, tan importante como otras tantas, gira en torno al destino -impreciso e insondable- del triángulo que sirvió para fundamentar la exaltación de la esfera militar, a través de una pretendida hermandad con el campo civil.

Del tema pocos se atreven a hablar con desenvoltura: el asunto es tan resbaladizo y vidrioso que suele abordarse con máxima mesura, tal cual como se tratan las cosas verdaderamente delicadas, las que comportan consecuencias graves o potencialmente indeseables. Desestructurado el triángulo ceresoleano -ese donde el pueblo cuenta como un elemento etéreo e inmaterial para los efectos prácticos- es natural que emerjan suspicacias acerca del futuro del esquema. Las certezas sobre las bondades de la “unidad cívico-militar” -que estuvieron alineadas a la confianza que el Chávez-soldado les generaba a sus aliados civiles- también se encuentran reblandecidas. Entre murmullos se habla de la pertinencia de que los militares vuelvan a sus cuarteles y que su tutela en esta hora compleja no implique luego una peligrosa usurpación del rol que el comandante ejerció en el boceto del teórico argentino.

En materia de acomodos y reajustes endógenos, la disputa es por la custodia de la “acción dorada” del “proceso”. Quien la obtenga se hará con “la sucesión de la sucesión”, uno de los objetivos de mediano y largo plazo envueltos en las movidas anticipadas del ajedrez bolivariano. Se entiende la reservada ansiedad en relación con el hoy y el mañana de la “unidad cívico-militar”. Se entiende la forzosa necesidad de que Maduro salga con bien del pantano.

 

 

 

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