El Papa y el fútbol

Adidas-BrazucaEl deporte nos enseña que para ganar hay que entrenarse 

El Mundial de fútbol es uno de los acontecimientos que atrae la atención de las mayorías. Es una realidad controvertida porque más allá de lo deportivo se ha convertido en un emporio económico y en una expresión de algo tan serio como la cultura política, social y religiosa.

El Papa Francisco, como buen argentino, usa en comparaciones tomadas del fútbol; buen hincha del San Lorenzo, con sus amenas y oportunas intervenciones mete goles de antología. En su mensaje a esta cita escribió: “Mi esperanza es que, además de una fiesta del deporte, este Mundial se pueda transformar en una fiesta de la solidaridad entre los pueblos… que los partidos de fútbol sean considerados un juego y al mismo tiempo una oportunidad para el diálogo, el entendimiento, de mutuo enriquecimiento humano… “.

El Papa Ratzinger escribió en 1985: “¿en qué estriba la fascinación del juego como para que llegue a ocupar un lugar de igual importancia que el pan? El juego es una suerte de intento de regreso al Paraíso: salir de la esclavizante seriedad de la vida cotidiana y de sus cuidados por la vida a la seriedad libre de lo que no necesariamente tiene que ser y que, justamente por eso, es bello. Frente a ello, el juego trasciende en cierto sentido la vida cotidiana”.

Destaquemos tres lecciones de la práctica deportiva, tres actitudes esenciales a favor de la causa de la paz: la necesidad de “entrenarse”, el “juego limpio” y el respeto entre los adversarios. El deporte nos enseña que para ganar hay que entrenarse. Podemos ver, en esta práctica deportiva, una metáfora de la vida (Mires).

Nunca es fácil, dice el Papa, aceptar la derrota, sobre todo, cuando el juego no ha sido justo. Pero la clave es, jugar un partido limpio. Ojalá los venezolanos sepamos sacar la lección.

 

 

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