INCREDULIDAD

Inmigrantes-bajando-barco-desembaracaderoPor mi nombre, sacará el lector que desciendo de familia extranjera, pero quienes me conocen saben que soy venezolano, y porteño, para más señas. Quienes no, al estar en desacuerdo con mis opiniones me escriben, abierta o disimuladamente según su nivel de educación, para mandarme a fastidiar a donde nací (o sea, a Puerto Cabello) y a no entrometerme en los asuntos de los venezolanos. Me creen extranjero. Y tengo familiares en el país de origen de mi padre, y me consta que les cuesta creer que este, a donde él vino en busca de mejores oportunidades de trabajo, se haya convertido en lo que es hoy: Un país donde ahora son sus nietos quienes emigran, siguiendo la ruta contraria a la de él hace ya 90 años, en busca de la oportunidad de llevar una vida tranquila, segura y desarrollando sus capacidades profesionales en beneficio del país que les vio nacer: Venezuela. 

Hace unos años tuvimos la oportunidad de conocer un pueblo italiano, invitados por amigos de esa nacionalidad, conocidos aquí cuando aún no habían decidido retornar a Marina di Camerota, desandando el camino que los trajo para acá, en busca de las oportunidades que no encontraban en una Europa arruinada y devastada por los estragos de la absurda Segunda Guerra Mundial. Como ellos, muchos italianos, originarios de muchos otros pueblos, vinieron a Venezuela esperanzados por la imagen de un país rico y pujante, donde faltaba mano de obra especializada en la ciudad y gente para trabajar el campo. En Marina di Camerota hay un busto de El Libertador, con una esquela donde los habitantes de ese pueblo manifiestan su agradecimiento por la acogida que entonces les dieron, y la principal avenida lleva por nombre “Viale Bolivar”. Hoy no pueden creer que aquel país que conocieron se haya convertido en la piltrafa que es hoy, y que sean ellos quienes deban enviar medicina y alimento a sus familiares que aquí quedaron.

busto_bolivarY me imagino que españoles y portugueses, polacos y lituanos, húngaros y checos, estarán igualmente extrañados del alarmante deterioro de un país que ahora, desde la distancia, observan como todo lo contrario a lo que hace medio siglo los trajo hasta nuestras costas, huyendo de dictaduras, miseria y falta de trabajo. Los que vinieron desde detrás de lo que una vez se llamó “Cortina de Hierro” no pueden comprender cómo un iluso trató, y casi lo están logrando sus herederos políticos, de llevarnos al sistema que causó, en los países donde nacieron, la ruina y miseria que una vez provocó su emigración. Vinieron en su momento a un país que les ofrecía libertad, y luego, al extinguirse el fantasma comunista en sus países de origen, regresaron al ver que ese espectro reaparecía por estos trópicos.

Marina di Camerota

Marina di Camerota

La mayoría de los venezolanos parece conformarse con este estado de cosas, distraídos en la búsqueda de un paquete de harina pre-cocida, de un rollo de papel higiénico, de la medicina para aliviar su enfermedad o del pote de leche para sus hijos. Los que no pueden emigrar parece que se van acostumbrando a la carestía, la inflación, la inseguridad, la falta de servicio eléctrico y el agua podrida. Van adaptando sus vidas, como lo hicieron una vez los europeos que sufrieron las privaciones de la guerra, a los abusos del comunismo.

Hasta que los que se quedaron se hartaron de la corrupción e ineficiencia de sus gobernantes.

 

 

 

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2 Comentarios

  1. bettina de reyes said:

    Me gusta mucho tu carta Peter. Estoy completamente de acuerdo que triste es vivir aquello. Me he ido desde ya 14 anos y desde lejos estoy vienco el desastre que se ha formado y el desinteres de mucha gente. Como si fuera normal que hay que hacer cola para comprar tu harina pan o un rollo papel toilet. Tampoco entiendo.

  2. Ricardo E. Römer G. said:

    ¿Por diseño o por azar, llegamos aquí? Pregunto y respondo tangencialmente: La operación de la infraestructura, engendra cultura. No llegamos aquí de repente. Se trabajó con ahínco y arduamente para concluir en esto y para tener la piltrafa de país en el cual vivimos dentro del contexto de una sociedad tan rapaz, que la vida no vale medio.
    En teoría organizacional, una de las máximas es: La estructura debe seguir la estrategia. En otras palabras, debe estar alineada con ella. Las estrategias son enunciados que ejecutados, le dan viabilidad a los objetivos. ¿Cuáles eran los objetivos, entonces?
    La infraestructura comienza, en el tema de organización de una sociedad, con la Constitución -la Bicha como la llamó el Comandante Eterno- y sigue con las leyes y reglamentos más la forma como se les ópera, el estilo. Este aunado a los elementos anteriores, engendra la cultura.
    En este desdichado país jamás alguien se pregunto, ¿qué necesitan las futuras generaciones para tener un porvenir? Yo primero, tú después y el nosotros veremos, dicta la pauta que asoma el patrón de conducta que podemos condensar en una pregunta: ¿Qué hay para mi en esto mañana, hoy mejor, ahora mismo, seria perfecto? En ello ni los propios hijos importaron. Esos son los que hoy se van cuando pueden o se quedan porque no o porque quieren, y marchan y ponen el pecho y la vida para hacer lo que muchas generaciones no hicieron.
    Cuando digo muchas, apenas son algo más que dos desde que existe una pseudo democracia en este país. Son apenas dos generaciones truncadas pero son cientos de miles de jóvenes cuyas vidas han sido mal gastadas en un país diseñado para la inproductividad y para saqearlo. Los dos elementos se dan la mano y quienes lo vieron, lo usaron. ¡Ya todo estaba dicho, ya todo estaba escrito!
    ¿Qué necesitamos entonces, “musiu”, para cambiar esto?

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