LA IZQUIERDA DEL “TODO O NADA”

giordaniEl renacer de la izquierda en Latinoamérica brinda hoy un sugestivo panorama. Aún con un populismo caudillesco históricamente enraizado que devino en regímenes cuyo discurso seduce con promesas de igualdad y redistribución de la riqueza; y pese la torva ascendencia que el Castro-comunismo (gracias a Chávez, su principal sponsor, hay que decirlo) ejerció en esta especie de 2do debut de ideologías anti-mercado, en su mayoría, estas relativamente jóvenes democracias logran sortear con más o menos éxito la trapacera tentación del totalitarismo y los modelos caducos para dar paso a nuevas expresiones progresistas: a veces mediocres e imperfectas, sí, pero democráticas al fin. Es como si la promesa real de una “tercera vía” tal como promovía Tony Blair para su “New Labour”, comenzara aquí a ganar forma: una izquierda liberal, desligada de paroxismos estatistas y colectivistas del socialismo clásico, que reconoce el protagonismo de la iniciativa privada y la economía de mercado para garantizar creación sostenida de riqueza y empleo.

Así pues, excepto Cuba y Venezuela, el resto de países en Latinoamérica cuenta con sistemas democráticos populistas, legitimados no sólo por elecciones sino, sobre todo, por cierta independencia de los poderes públicos. Hablamos de izquierdas que, atentas a la evolución de los tiempos, se democratizan, o de líderes que aún vinculados en su juventud con la lucha guerrillera –caso Mujica en Uruguay, Rousseff en Brasil, Bachelet en Chile- dejan atrás los atavismos de la utopía marxista e incorporan el vigor de los tiempos en economías cada vez más productivas. En el caso de Ecuador, con Correa al mando (quien, sin embargo, no oculta su debilidad por el poder al proponer la reelección indefinida, justo lo contrario de lo que sucede en Colombia, con Santos) las cifras de crecimiento y aumento del PIB hablan de un “milagro” -tal como lo calificó el analista William Black- que llevó a ese país a romper la tendencia a la pauperización y la desigualdad, y permitir la movilidad desde sectores menos privilegiados hacia la clase media-alta. También aportan perspectivas optimistas la ruptura de la “dictadura perfecta” y depuración del antiguo PRI en México, la cada vez más palpable pacificación en Centroamérica y Colombia, o el consenso amplio a favor de la fórmula progresista en el Perú post-Fujimori. “El continente avanza, con mayor dificultad o no, pero ha quedado atrás la utopía socialista de los 60”, tal como sentencia Vargas Llosa.

A contrapelo del proceso de evolución en el Continente, la antes próspera, rica, poderosa Venezuela (y un referente inobjetable a la hora de hablar de tradición democrática) luce en el peor de los estados. Aun habiendo inspirado –incluso subvencionado- en muchos casos la evolución material de sociedades hermanas, la política de “ensayo y error”, la fórmula de improvisación que se ancló en los ingentes recursos de la renta petrolera, ha tejido para nuestro país una intrincada mortaja en lo económico. Nos deja de asombrarnos por eso la fallida excusa, el acto de contrición que en su carta esboza Jorge Giordani, hombre fuerte de Chávez, principal arquitecto de sus políticas económicas (basadas en el férreo control cambiario y de precios) y quien durante 15 años casi ininterrumpidos estuvo al frente del Ministerio de Planificación. ¿O es que la debacle consagrada por el índice de Penuria mundial del 2013 en el que Venezuela ocupa el 1er lugar en la lista de países con tribulaciones económicas, o tener la mayor tasa de inflación del mundo, nula perspectiva de crecimiento o cifras inéditas de escasez son señas que se hacen visibles de la noche a la mañana?

Giordani (“un ideólogo atrasado, que nunca entendió lo que es el Socialismo del siglo XXI” según Heinz Dietrich) trata ahora, a merced del naufragio, de marcar distancia del gobierno de Maduro. Pero es imposible ignorar que su negación ante la necesaria flexibilización que en su momento demandó la economía, fue punto de quiebre fundamental para este trance que hoy nos asfixia con saña, y cuya purga demandará la injusta inmolación de la población. Tal vez en esa romántica porfía, esa resistencia al cambio y la rectificación oportuna (como sí la asumieron Rusia o China) que parece responder, según el economista Orlando Ochoa, a una suerte de “situación maníaca de evasión psicológica de la realidad”, estriba la razón de una crisis cuya génesis se remonta a mucho antes del 2012. Lo de Giordani fue expresión del hacer de una izquierda dogmática del “todo o nada”, tal como la define Rafael Correa, apegada al implacable manual marxista y cuyo fundamentalismo hizo de las suyas en una Venezuela que, paradójicamente, ha gozado del beneficio de un barril de petróleo cotizado a los más altos precios de su historia.

Ahora, en ausencia del “Monje” y con el agua rebasando cuellos, habrá que ver lo que viene: ¿real viraje económico, simple reacomodo de nomenclatura gobernante, o apoteosis de la crisis de gobernabilidad?

 

 

 
Mibelis Acevedo DonísMibelis Acevedo Donís

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