PERIODISMO Y PERIODISTAS

Salvador Castillo Arévalo

Salvador Castillo Arévalo

La conmemoración del Día del Periodista se cumplió atendiendo a una tradición, pero el gremio está de duelo por la pérdida en Venezuela de la libertad de expresión, impuesta por quienes creen, de manera infantil, que podrán ocultar el saqueo y el abandono en que se encuentra nuestro país.

Quienes nos gobiernan desde hace 15 años concibieron un plan para la opresión a la prensa que fueron cocinando con la lentitud de un manjar, de acuerdo a la receta cubana. Primero fue inocular la perversa idea de que los medios mienten y desorientan, por lo cual es preferible no comprarlos, no leerlos ni verlos, a menos que sean los que tenían el visto bueno del comandante eterno. Siguieron prohibiendo contratar publicidad con editores que no fueran oficiales y luego, gracias al control de cambio, impidieron a los editores la compra de papel o de insumos, imponiéndoles multas impagables para apropiarse de los medios de alta circulación a través de testaferros que cometen la imbecilidad de afirmar que el medio arrebatado a la libertad de expresión va a continuar con su misma línea editorial, como sucedió con Últimas Noticias y ahora con El Universal. Es posible que el próximo sea un diario de Valencia, para lo cual han recurrido al montaje de un presunto magnicidio con la finalidad de abrirle un juicio que -a no dudar- la complaciente justicia le prohibirá al director Laurentzi Odriozola ejercer su trabajo como periodista de impecable trayectoria.

Y eso no es todo, el derecho a las fuentes desapareció para obligar a que se publique la información oficial, según la cual el país nunca había estado en mejores condiciones. Pero cuando las comunidades protestan en contra de ese mal Gobierno, de la inseguridad, del abuso, del desabastecimiento, no se escatima la represión con disparos y bombas lacrimógenas para que no queden testimonios de lo que hace un Gobierno al que no le importa que el mundo lo tenga como una feroz dictadura roja.

A esta situación se refirió nuestra secretaria general del Colegio de Periodistas Carabobo, María Torres, en el discurso que pronunció el viernes en la sesión que celebró el Concejo Municipal de San Diego en honor a los comunicadores sociales por la celebración de su día el 27 de junio. “El gremio está herido por los ataques, las persecuciones, el cierre de medios de comunicación y por la incertidumbre que existe por la falta de papel para los medios impresos”, afirmó la dirigente gremial.

Igual preocupación expresó la colega Dhameliz Díaz en la celebración que tuvo el Colegio Nacional de Periodistas en el Club Chino, de cuya directiva el gremio está agradecido por su colaboración para que, en nuestro día, los comunicadores sociales tuviéramos la oportunidad de reencontrarnos y compartir un brindis, en estos días trágicos para el país, herido por una camarilla que solo piensa en afincarse en el poder para continuar enriqueciéndose,  a pesar de que los jerarcas del régimen insisten en autoproclamarse como símbolos de la honradez a los que el país entero debería estar obligado a rendirles cultos por tanto desprendimiento.

 

Salvador Castillo

 

En el acto en el referido acto, organizado y presentado con esmero, hubo reconocimientos para periodistas de antes y de ahora. Aunque no estaba programado, lo que más nos agradó fue el homenaje que los oradores hicieron al maestro Salvador Castillo Arévalo, presente en el auditorio.

Fue una inmensa alegría la demostración de afecto, de cariño y de respeto al Maestro, expresado por centenares de comunicadores que asistieron a la celebración.

Laurentzi Odriozola

Laurentzi Odriozola

Salvador Castillo, más que un maestro es un patrimonio del Periodismo nacional. Formó generaciones de periodistas, manteniéndose con imparcialidad, sin banderas políticas, para que El Carabobeño se mantuviera por siempre como un vocero independiente, “que persigue el triunfo de las mejores ideas e iniciativas”, como dicen las pautas normativas dejadas por el fundador de este diario  Eladio Alemán.

A su oficina llegábamos desorientados y nerviosos para que nos diera una oportunidad y, sin expresar ni una pizca de amabilidad, nos recibía y nos ponía pautas exigentes que debíamos cumplir sin excusas. Nunca decía si lo habíamos hecho bien o mal; no se pavoneaba para nada del contenido de nuestro medio en comparación con lo que publicaban los otros. Un día le reprochamos que cuando hacíamos algo bueno, un tubazo, por ejemplo, no nos daba un aliciente, un estímulo. Su respuesta fue una sentencia: “Si lo haces bien, esa es tu obligación. Si lo haces mal, te formó un…”. Sin embargo, el día menos pensado llamaba al novicio, con tono paternal, para decirle, con los originales y las informaciones publicadas y corregidas: Esto está bien y esto está mal. Cuando lo malo era superior a lo bueno, aconsejaba que era “preferible buscarse otro trabajo porque para periodista no servía”. Y fueron pocas las veces en que se equivocó este cazador de talentos periodísticos. 

Es enemigo del exceso de adjetivación. ”Un solo adjetivo es suficiente y, muchas veces, no hace falta”, decía. Quienes integramos lo que se conoce en el Periodismo carabobeño como la “Escuelita de Castillo” teníamos, además, un régimen de conducta. Él mismo se encargaba de averiguar si sus alumnos se comportaban con decencia y si no caían en la tentación del palangrismo. Para esto tenía un olfato animal, por lo cual mientras fue Jefe de Redacción de El Carabobeño casi ninguno logró violentar la norma.

Impuso tanta disciplina en este diario que los viejos periodistas sabíamos, al llegar, si él estaba o no presente en la Redacción. Cuando intentábamos algún bochinche -de esos que se forman en las redacciones- pasaba con porte marcial y pronunciaba su famosa sentencia: “Barco para’o no gana flete”. Y todo el mundo regresaba a su puesto.

Salvador era, como dijo el cardenal Jorge Urosa Savino del imponente arzobispo Luis Eduardo Henríquez: por fuera, como una piña cubierta de una concha áspera y, por dentro, un fruto jugoso, sano, sin mucha ni poca dulzura.

En lo personal, puedo afirmar -como uno de sus alumnos más aventajados- por las varias décadas que estuvimos en su comando, que Salvador Castillo hace de la amistad un culto, considerando que los amigos se aprecian, mucho más, en las horas de infortunio. ¡Salud, querido maestro!

 

 

Tomado de El Carabobeño, columna Hoy y Después en Valencia

 
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