VEÁMONOS EN EL ESPEJO DE ARGENTINA

Una obligación de pago no debiera tener más peso que los efectos destructores para los afectados

 

El agotamiento de las posibilidades de apelar las sentencias que condenan a Argentina a afrontar importantes pagos a acreedores jurídicamente legales pero de no disimulada mala fe, nos lleva a reflexionar no tanto acerca de los detalles que llevaron a estos extremos sino más bien a hacer algunas consideraciones que ponen de relieve el importante cisma entre dos formas antagónicas de pensar y actuar que ciertamente tienen algún sustento que se mueve más hacia lo político/filosófico que lo estrictamente legal. Veamos.

 

Por una parte está el pensamiento individualista, anglosajón/protestante, capitalista y ultraliberal según el cual la primacía de la ley por encima de cualquier otra consideración, defendiendo sin excepción la justicia individualmente considerada, redunda en la acumulación de ejemplos y beneficios que promueven el bienestar colectivo en su conjunto al garantizar la seguridad en las transacciones, el buen clima para los emprendimientos, etc. Tal filosofía -algo moderada hoy día- ha sido la imperante en EEUU a través de gran parte de su historia y no se puede negar que juzgando por sus resultados puede calificarse de exitosa especialmente en lo que se refiere a la acumulación de capital que en definitiva le ha dado preeminencia en el mundo. Todo ello sin considerar aquí las injusticias y sufrimientos que también son parte del sistema.

 

Por el otro lado se presenta el enfoque social según el cual la ley deja de ser un fin en sí misma pasando a ser el instrumento para asegurar una distribución y redistribución más justa de las oportunidades. Esta visión -como es natural- ha tenido más seguidores entre los deudores del mundo que entre los acreedores. Es como la percepción de la policía: para el burgués el funcionario policial es el custodio de su seguridad y bienes, para el proletario suele ser el enemigo que acrecienta aún más sus carencias y preocupaciones.

 

Pues bien, los “fondos buitres” encarnan la primera óptica descrita. Tienen la ley a su favor, han conseguido una sentencia inapelable y ahora desean su premio o beneficio frente a quienes -por las razones que fuere- han incurrido en “default” de los pagos debidos. Se acabó el guabineo y -con o sin moral- llegó la hora de cobrar. No les importa nada más.

 

En la acera de enfrente están -o estamos- quienes creemos que una obligación de pago cuya consecuencia sea el hambre para millones de personas no debiera tener más peso que los efectos sociales destructores para los afectados. ¡Elemental!

 

Pero… (y aquí es donde puede estar la lección para los venezolanos) la deuda cuyo pago hoy se exige a Argentina no fue contraída por gobiernos dictatoriales de espaldas al pueblo sino por gobiernos plenamente democráticos surgidos de inobjetables elecciones siendo esos mismos gobiernos democráticos los que malversaron los reales provocando el “default”, los que negociaron las reestructuración de la deuda y los que pactaron la jurisdicción de Nueva York para dirimir las controversias. Siendo ello así, fue el pueblo quien tal vez eligió mal a sus gobernantes y ahora debe lamentar tan doloroso error.

 

 

 

 
Adolfo P. SalgueiroAdolfo P. Salgueiro

Artículos relacionados

Top