LA LETAL ÓPERA BUFA DE LA REVOLUCIÓN

mascarasEn el género de la ópera bufa, el tema es algo jocoso, ligero, en contraste con la ópera seria dominada por las grandes tragedias. La revolución chavista se presenta a sí misma como una especie de revelación histórica, de obra suprema de redención de los pobres, con grandes personajes que se auto-describen como herederos e intérpretes del Libertador. La revolución y su partido hablan por el pueblo, ellos son el pueblo en su propia cosmogonía y uno se imagina al procerato chavista en una especie de representación operática, hablándole al resto del mundo sobre el paraíso en la Tierra en que su magna obra de gobierno ha transformado a Venezuela.

 

Pero la realidad y los hechos son tercos, parafraseando a Lenin, y el resultado de la gloriosa gesta revolucionaria está a la vista: una nación enfrentada, violenta, de la cual cada vez más gente quiere tomar distancia. Una economía en ruinas, misterio incomprendido por el resto del mundo que no alcanza a explicarse como un país que literalmente nada en petróleo, no es capaz de tan siquiera garantizar un mínimo nivel de existencia a sus habitantes. Un verdadero milagro de incapacidad y corrupción solamente comparable al mito del rey Midas quien transformaba en oro cuanto objeto tocaba, solamente que en su versión tropical se trata del rey Midas al revés, que transforma riqueza y oportunidades en detrito.

 

El último episodio de la ópera bufa es la instalación en el aeropuerto de Maiquetía de un presunto sistema de bioseguridad del aire utilizando ozono.

 

Contraviniendo recomendaciones internacionales en la materia que desaconsejan el uso de un gas irritante y agresivo como el ozono para descontaminar el aire que respiran los humanos, estableciendo un impuesto adicional absurdo e irregular, nuestros gobernantes, esta vez actuando a nivel regional del estado Vargas, se burlan por enésima vez del país y su gente.

 

Más allá de si alguien se está embolsillando una comisión revolucionaria por semejante despropósito, está el contraste insondable entre un país que se cae a pedazos, donde la muerte asecha por doquier en sus más variadas formas, desde el malandro hasta la fuerza pública represiva, pasando por el ruleteo en los hospitales o la búsqueda infructuosa de medicinas y tratamiento, y la absurda puesta en práctica de un sistema riesgoso presentado como una gran novedad caribeña.

 

Por supuesto que lo del sistema de bioseguridad es solamente un caso que se hace relevante no por su magnitud sino por lo que significa en materia de burla y cinismo en el ejercicio de la función pública. Con las explicaciones para la instalación del sistema de ozono, compiten las de los funcionarios públicos que pretenden que el desabastecimiento de alimentos se debe a que la gente come más y mejor.

 

O que hay más tráfico porque la gente puede comprar más carros. O que las medicinas se agotan porque ahora todos tenemos acceso a la salud. En resumen, la verdad verdadera que nos pretenden transmitir nuestros líderes revolucionarios es que vivimos mucho peor porque en realidad, aunque no nos demos cuenta, vivimos mucho mejor.

 

¿Hasta dónde es posible arrastrar a un país a su destrucción y desgobierno? En verdad que la historia nos enseña de manera repetitiva que el proceso no tiene límite y que mientras los responsables de tantas cosas se sientan invulnerables y estén dispuestos a reprimir a quienes protesten, no hay castigo humano ni divino que los haga desistir de su propósito último y primario que es mantenerse en el poder.

 

Crecen el número y la calidad de las voces en Venezuela que señalan que la ópera bufa, que sería divertida si no tuviera efectos letales sobre la vida de los venezolanos, debe concluir. Que estamos arriesgando vernos arrastrados a un conflicto que puede afectar de manera irreversible las fundaciones mismas de nuestra nación. Que es necesario tomarse en serio que se ha vulnerado muy profundamente la capacidad de recuperación del país. Que podemos estar acercándonos al punto de no retorno.

 

Algunas señales tímidas parecen apuntar en la dirección de que alguna gente en el chavismo-madurismo ha llegado a la conclusión de que algo debe cambiar para que todo siga igual. Es decir, introducir algo de racionalidad en el manejo de la economía para bajar la presión social y que ellos puedan continuar en el poder por toda la eternidad. La oposición debe reunir la fortaleza y la seguridad para negociar con el Gatopardo chavista en todos los frentes, al tiempo que reúne sus huestes para minarle sus espacios de apoyo popular. Tienen razón tanto quienes sostienen que es necesario invertir un esfuerzo muy importante en las elecciones parlamentarias, como quienes apuntan que sigue pendiente la tarea de canalizar el descontento popular en una estrategia de resistencia pacífica ciudadana. Así de compleja es la tarea. Mientras tanto, el show y la ópera bufa deben continuar, para desgracia y vergüenza de nuestro país.

 

@TALCUALDIGITAL

 
Vladimiro MujicaVladimiro Mujica

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