Comida chatarra…
¿Por qué la comemos? El Economista America

Comida-y-sueñoEn algunos países, como México o Estados Unidos, existen graves problemas de obesidad. El hecho de que comamos cuando realmente no tenemos hambre contribuye mucho a esta situación. Pero, ¿por qué lo hacemos?

En un reportaje realizado por The Wall Street Journal responden que esto puede deberse a que la publicidad de estas comidas es muy persuasiva o a que queremos que el anfitrión de una fiesta “caiga en bancarrota si nos comemos todos sus snacks”. Burguer King lanzará una hamburguesa de patatas.

Sin embargo, según el artículo, uno de los principales factores que nos llevan a consumir este tipo de comida es el estrés, que suele hacer que comamos más. Psicológicamente es algo con sentido, ya que la gente más propensa a comer por estrés son los que restringen de forma más activa el consumo de alimentos el resto del tiempo: “comiendo es cómo se relajan. Prefieren consumir grasas y carbohidratos. Si el jefe es un cretino, ¿por qué no volverse loco con los chocolates?”, se pregunta el texto.

Pero estos (malos) hábitos no solo afectan a los humanos. Si a una rata de laboratorio se le coloca en su jaula a otra rata, desconocida para ella, será más propensa a comer más y a optar por comidas con mayor contenido en grasas y en carbohidratos de lo habitual.

Este fenómenos tiene, según WSJ, un gran sentido evolutivo ya que para el 99% de los animales, el estrés involucra un importante “despliegue de energía cuando, por ejemplo, corren para salvar sus vidas”. Después, el cuerpo estimula el apetito, en especial de caloría “de alta densidad para reabastecer reservas energéticas agotadas”, explica el artículo.

Sin embargo, nosotros los humanos activamos una y otra vez la respuesta al estrés por motivos puramente psicológicos, lo que coloca a nuestros cuerpos repetidamente en el modo de reabastecimiento.

 

La explicación científica

 

Los científicos comienzan a relacionar estrés y comida basura. Según explica el diario, “la tensión aumenta la liberación de ‘opioides endógenos’ en algunas partes del cerebro. Estos neurotransmisores se parecen a los opiatos en su estructura y propiedades adictivas (y los opiatos funcionan al estimular los receptores que evolucionaron al responder a los opioides del cerebro); lo que ayuda a que la comida basura tenga propiedades muy reconfortantes en dichos momentos.

El estrés también activa “el sistema ‘endocanabinoide’ en el cerebro”; esto es, una clase de químicos que tenemos en el cerebro que se parecen al ingrediente del cannabis que relaciona la marihuana con tener unantojo. “Y el estrés”, prosigue la explicación, “activa otro químico del cerebro llamado neuropéptido y que puede estimular el deseo de comer grasas y azúcar”.

 

Para entendernos mejor…

 

El mecanismo fundamental para explicar este efecto del estrés es que este tipo de comida es reconfortante porque, como demostraron científicos de la Universidad de California en San Francisco al trabajar con ratas de laboratorio, las grasas y los carbohidratos estimulan los sistemas de recompensas en el cerebro y, de este modo, desactivan la respuesta hormonal del cuerpo al estrés.

No obstante, a simple vista, puede parecer poco probable que un tipo de placer funcione para contrarrestar los efectos de una fuente de desagrado pero nosotros, los humanos, buscamos a menudos este tipo de compensación. Comenta el artículo que si, por ejemplo, nos agobiamos por un amor no correspondido, “ir de compras suele ayudar” y que si estamos aquejados por una desesperación existencial, escuchar a Bach nos puede animar.

 

 

 
Top