Corre, MUD, corre

unidadMuchos recordarán aquella película que con el nombre de “Corre, Lola, corre” fue estrenada a finales de los noventa. El film de Tom Tykwer pretendía narrar una misma historia varias veces, y pese a que ésta comenzaba siempre de igual manera, las pequeñas alteraciones que se le hacían a la trama hacían que finalizara inevitablemente de forma diferente. Tykwer parecía recordarnos con ello que en la vida algunas acciones, aparentemente intrascendentes, como pudiera ser el famoso “aleteo de una mariposa”, pueden tener consecuencias terribles.

Dicho esto, supongamos ahora que al fin hemos encontrado una definición de política y, por ende, de los políticos. Podríamos decir, por ejemplo, que la política es la forma de gestionar los diferentes conflictos que existen en la sociedad: conflictos étnicos, económicos, religiosos, de género, etc., y que los políticos son los llamados a hacer dichas gestiones. O, como sostuvo Arendt, que la política se encarga, mediante la legislación, de buscar la igualdad que naturalmente no poseemos y hasta la libertad que no podemos tener en un estado de naturaleza y de guerra permanente. Es decir, la política y sus actores, los políticos, tendrían el cometido de allanar esas diferencias y proporcionarnos las defensas necesarias para poder desarrollarnos como individuos.

Me sirvo de todo este preámbulo porque hasta ahora el oficialismo se había caracterizado por sus constantes llamados al diálogo al mismo tiempo que con la mano izquierda (nunca mejor dicho) azuzaba todo tipo de conflictos, creaba intranquilidad y propiciaba acciones no muy santas. Por su parte, una de las características de la oposición había sido la de suplicar en todo momento ser escuchada, pero sin atreverse resueltamente a proponer un proyecto claro para solucionar los tradicionales conflictos a que nos hemos referido arriba, algo con lo que colaboraron tozuda y hasta calculadamente algunos candidatos presidenciales.

Ambos procederes, sin embargo, se han visto alterados recientemente por nuevos ingredientes y por no pequeños “aleteos”. Mientras en la oposición la aparición de la “salida” hizo que las aguas se volvieran a partir, en el lado oficialista la carta revulsiva del Sr. Giordani hizo otro tanto. Así, de un lado parece haber ahora una oposición “oficial”, que acepta el cronograma electoral, y una que apela a una salida constitucional más inmediata. Del otro, una especie de división entre bolcheviques y mencheviques ha dado pie para que los revolucionarios también hayan comenzado a tirarse los trastos a la cabeza.

Muchos quisiéramos pensar que esos conflictos internos que sufren ambos bandos son producto de las diferencias existentes en su seno en cuanto a la manera de afrontar los conflictos externos mencionados, pero aparentemente esas tensiones no van más allá de rivalidades personales y de un asunto de mera supervivencia.

En fin, no hace falta ser adivino para saber cómo se resolverá este asunto dentro del bando de los oficialistas: “Al que no le guste el PSUV que se vaya” (Cabello dixit). Estos, sin embargo, tienen la ventaja de estar en el poder, y esto, como demuestran las divisiones de AD,  es muy importante. Los otros, como ya se sabe, no disponen de este “pequeño detalle”. Por tanto, no está de más recordarles a estos últimos las palabras de T. S. Eliot con las que comenzaba el citado film, a fin de que en definitiva no pierdan de vista su razón de ser: “No cesaremos de explorar y el final de toda nuestra exploración será llegar al punto de partida y reconocer el lugar por primera vez”.

 

 

 
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