EL MUNDO AL REVÉS

unidad-invertidaNo deja de ser curioso. Se multiplican las manifestaciones críticas en el seno del gobierno y de su partido-eje y, en vez, de aprovechar la bendita ocasión para unirse con el objeto de presionar cambios, la disidencia democrática se hunde lentamente en el pantano de desacuerdos más airados. Sin unidad plena no habrá, por supuesto, solución a la abominable crisis que nos afecta. O mejor: la llamada alternativa democrática no tendrá sino una presencia marginal en ese cambio, si es que puede tener alguna. La situación es tan absurda que de las discrepancias se cae en el insulto más procaz o en un infantil dar por cierto cuanto rumor circule contra líderes opositores. O peor aún: darle rienda a la fantasía de las traiciones ocultas, pactos subrepticios con el gobierno con intenciones perversas.

No es que sea imposible que factores de la oposición sean atraídos por el tintineo del metal ofrecido por el poder. Pero tenemos casos que se explican por sí solos. Un par de diputados, un tradicional aspirante a la alcaldía, todos ellos con un futuro decente y promisor que terminaron sacrificando de la manera más lamentable. Pero esos casos, propios del mercado de la política o de la política concebida como mercado, son excepcionales. Mucho más en un momento en que el poder dominante se encuentra al borde de un abismo frente a una disidencia democrática en proceso constante de crecimiento, como se aprecia siguiéndole la ruta a los procesos electorales y cualitativamente hablando, en la proliferación de nuevos líderes que brotan por cientos, como hongos en el rocío. Contrasta notablemente con la orfandad del liderazgo gubernamental, siempre los mismos rotando en su tío vivo, con raíces extirpadas en el mundo juvenil, en las universidades y la clase trabajadora, para mencionar solo esos ejemplos.

¿Cómo es entonces que dirigentes fundamentales de esa fuerza de futuro y de presencia constante en el país desprecien tanto la unidad y se libren al exquisito placer de insultarse, desconocerse y calumniarse?

He visto gente roja de ira, revolcándose en una penosa chismografía. Dan por seguro lo que el gobierno o “bien dateados” opositores pongan a correr sobre la rectitud o incluso la familia de dirigentes de la disidencia, a quienes se les dispara sin oírlos. Vale decir: lo que condenan como práctica de capitostes del régimen lo consideran lícito cuando se trata de gente de la oposición.

MUD_24mar2014Este estilo prevenido, desconfiado, injusto, no perdona. Los agredidos por el gobierno son irrespetados por varios opositores connotados. En el número pasado de ABC de la Semana mencioné a Salas Romer y Tarre Briceño, acosados por el oficialismo sin recibir la merecida solidaridad que su digna trayectoria haría esperar, pero igualmente la agresión directa contra la familia de Ramos Allup o la desquiciada maldad que cae sobre la reputación de trabajadores abnegados como Ramón Guillermo Acevedo, Antonio Ledezma o Leopoldo López, y la respuesta agresiva que se cierne sobre la errónea declaración de Ramón José Medina. Peló el gajo mi excelente amigo Ramón José, pero eso no lo convierte en traidor meticuloso y en tratos “ahora probados” con el gobierno. Olvidan sus meses de trabajo sin recompensa en beneficio de la unidad.

Pero sirva este clima disparatado para resaltar la grotesca violación de una regla elemental de la política, de la substancia de ese oficio calificado como ciencia por Emile Litré y ciencia-arte por Paul Robert.

La política necesita pasión, pero también cerebro. Emoción ardiente guiada por la fría sesera. Librarse obsesivamente a sospechar de los demás, a insultarlos, infamarlos, es la senda más segura para el fracaso.

La unidad no significa lo mismo cuando se aplica al gobierno que cuando se aplica a la disidencia. El bloque en el poder se estructura alrededor del socialismo chavista. Su símbolo es la mirada del endiosado líder. Tiene sentido de advertencia o amenaza, como diciéndole a sus fieles: vigilo tus pasos, te veo desde cada esquina. Es una voluntad única, un pensamiento único. Más que unidad es identidad. Todos pensarán igual y ¡guay de quien se aparte un milímetro!

La unidad en la disidencia democrática es diametralmente opuesta. Recoge el malestar creciente determinado por el fracaso del modelo gubernamental. Es la unidad de lo plural. No importa que pienses distinto a como lo hago yo. Más bien sería grave imponer una sola manera de pensar. Sería un chavismo al revés. Un pensamiento único desplazando a otro pensamiento único.

En la disidencia se parte de la convivencia de todos los pensamientos del pentagrama. Que no haya unidad no puede llamarse división (¿cómo puede dividirse lo que no es único?) sino falta de acuerdos, y lo resalto porque se trata de acordarnos alrededor de lo que nos es común.

En el caso que nos ocupa lo que nos une pesa mucho más que aquello que nos separa. Se trata de procurar un hondo cambio democrático que nos permita a todos seguir debatiendo nuestras diferencias en el marco de la libertad y sometidos al voto popular en comicios verdaderamente libres.

El objetivo consiste en remover el obstáculo que impide el juego democrático sin el cual no podemos debatir civilizadamente nuestras diferencias. Enfilar el ataque contra disidentes que no nos caigan bien, es comprometer el futuro del país.

Una dirigencia visionaria oye a todos pero no se guía por los coléricos. Por encima está la democracia. Los líderes que sepan entenderlo terminarán asumiendo el liderazgo del cambio, pero mientras más pronto lo hagan más rápido superaremos el áspero momento que nos abruma.

 
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